Broncas, finales, goles, enemistad pura. Sí, alguna vez los duelos entre Guadalajara y América eran más que simples partidos. Ni siquiera hacía falta ser chiva o águila para estar atento a los enfrentamientos entre ambos equipos. No necesitaban de reflectores, sus propios uniformes, su historia, sus nombres bastaban para despertar los ánimos entre la afición.

Futboleros de hoy en día conciben al Clásico de Clásicos como un encuentro venido a menos. Igual dicen que no hay que vivir del pasado, que los tiempos han cambiado. Y sí, han cambiado. Por ejemplo ahora muchos prefieren ponerle mute al televisor con el fin de no escuchar las narraciones de comentaristas actuales. «Aturden», «no dicen nada», «se la pasan hablando de otra cosa», expresan. Sin embargo en el pasado despreciado se arrumba una de las voces que dieron al clásico un sabor especial, la voz de Gerardo Peña.

Aquellos que tuvieron la oportunidad de seguir un Guadalajara-América a través de la televisión durante la década de los ochenta seguro lo recordarán. Aliado de la suerte, Peña tuvo la fortuna de que el futbol, en su vertiente ChivasÁguilas, lo complaciera con episodios imborrables. Y él supo responder a dicha cortesía.

Desde una final hasta campales históricas, pasando por un desfile de jugadores que amaban su camiseta y la defendían con todo, Gerardo Peña hizo de su voz una enciclopedia, una creación de epopeyas, una visita guiada a las pasiones más emocionantes del balompié, en este caso de los clásicos. Escuchándolo a él, los partidos eran una cita con la historia.

A la fecha se abordan críticas o halagos hacia un sinfín de comentaristas, de narradores y cronistas futboleros. Pocas veces se recurre a darle mérito a quien honor merece. Dicen que recordar es vivir, y con Gerardo Peña muchos vivieron, viven.

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