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[Canción para acompañar: «Diarabi» – Issa Bagayogo]

¿Alguna vez han jugado en la cancha perfecta? Yo sí.

La Cancha

No tiene túneles de acceso ni vestidores de lujo como los del Santiago Bernabéu, puesto que no existe la necesidad de cambiarse. Ahí se juega con lo que tengas encima, tal como eres, tal como debería de ser. Los uniformes emocionan y enorgullecen, pero también dividen. Su grada es totalmente opuesta a una como la del Borussia Dortmund o el Galatasaray; el público es escaso. Los pocos que llegan terminan siendo parte del espectáculo o, en su defecto, aplaudiendo el mismo con una buena cerveza. Ni pensar en banquillos de última tecnología como en los estadios europeos, puesto que aquí no se descansa ni se planea una estrategia. El fútbol, en su esencia, está alimentado por la improvisación y la sorpresa, por lo inesperado. ¿Qué tipo de césped tiene? Vamos, esta cancha es tan respetuosa con el balón que ha decidido quitar el césped de su terreno. Piensa que el pasto hace el juego más «fácil». Y no le mencionen esa palabra al ser humano, porque automáticamente se relaja y termina haciendo cochinadas. Esta cancha cree firmemente que el jugador está acostumbrado a sacar lo mejor de sí mismo en situaciones extremas, por lo que le ha puesto una superficie incómoda para que no le quede otra que tratar bonito a la redonda, si es que quiere jugar.

La Pelota

Le toca descansar y ser bien tratada aquí. Hasta se pone sus moños y renuncia tajantemente al movimiento. Se vuelve extremadamente floja. Se cansó de que la pateen sin sentido cada semana, también se cansó de extrañar a jugadores como Zidane, Francescoli y Laudrup. Ya no los hay, dice ella. Ahora todo es velocidad, disparos y pifias. Aquí todo tiene que ser perfecto, hay que dominarla con cariño, patearla con precisión y recepcionarla con delicadeza. De lo contrario, ella no realizará el más mínimo esfuerzo para corregir el error humano.

Su respuesta es extremista. Trátala bien y te hará ver como hasta el mismísimo Jorge González. Maltrátala, y los que te rodean pensarán que nunca has jugado al fútbol en tu vida.

El Jugador

En el desarrollo del encuentro, el jugador debe sortear ciertos factores ajenos a una cancha de fútbol normal.

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1. La condición física poco importa, lo esencial es la técnica.
2. Si no existen atributos técnicos recuerda que, para bien y para mal, aquí no hay espinilleras ni zapatos de fútbol que protejan extremidades.
3. Si tu desempeño en una cancha de pasto te da cierta arrogancia, aquí te puedes tragar algo más que tus palabras. Es algo seco, café, caliente y no tiene buen sabor.
4. No necesitas conocer a tu compañero; todos entienden las reglas básicas a la perfección.
5. Se debe olvidar que la pelota seguirá la inercia que supone un objeto redondo perfecto.
6. Si se quiere jugar rápido, la opción más viable es hacerlo por aire.
7. En caso de emergencia, recordar que las piñas son más fáciles de acertar por el movimiento lento que la arena provoca.
8. Mientras más cerca del mar, más rueda la pelota.
9. Al mar no le gusta el fútbol, por lo que siempre jugará con el equipo rival. Si no lo crees, intenta darle un pase y verás.
10. Hacerla de Hugo Sánchez es divertido. Sin importar cuantas chilenas (u otro tipo de piruetas) intentes hacer, siempre habrá un colchón esperándote.
11. La única forma de reconocer a un compañero es por el color de su bronceado y su traje de baño.
12. El sudar la camiseta, literalmente, no se premia. Sólo se empaniza.

El Resultado

El marcador final poco importa, a menos que haya una botella o algún otro tipo de apuesta en juego. Cuando el sol comienza a bajar, usualmente se escucha una voz que dice: «¡Último gol gana!». En ese momento, no importa que tan cansado, empanizado y adolorido te encuentres, el segundo aire aparece automáticamente y el nuevo ritmo del partido nada le envidia a uno de la Champions League. Cuando llega el gol de la victoria, no hay trofeo por levantar, puntos por repartir o dinero por recibir. El único premio que el partido otorga es un fresco chapuzón en el agua con aquellos que, hasta hace algunos minutos, fueron compañeros y rivales, ahora nuevos amigos.

Un agradecimiento a la gente de Playa Paraíso en Tulum, Quintana Roo. Las retas se arman casi diario a partir de las 3 o 4 PM.

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