Irapuato es sinónimo de trabajo y cultura en términos generales; de injusticia y fracaso en un ámbito futbolístico. En 1950, la Trinca fue uno de los fundadores de la Segunda División misma que, cuatro años más tarde, abandonaría para debutar en el máximo circuito ante el equipo que lo tiene en Jaque-Mate actualmente. Una de las tantas ironías que nos ofrece el fútbol mexicano.

Hace algunos meses, Graco Ramírez, Gobernador del Estado de Morelos, anunciaba sorpresivamente a través de su cuenta de Twitter que la vuelta del glorioso Zacatepec iba a cobrar la vida de otro club legendario en el bajío mexicano, el Irapuato. Este hecho, negado en un inicio por la directiva de los Freseros, fue confirmada el día de hoy por el alcalde de Irapuato, Sixto Zetina.

Zetina, además de dar fe sobre el trágico destino del Irapuato, también ventiló un posible embargo por todas las deudas que tiene el equipo con el municipio, mismas que la Directiva había prometido saldar en el pasado regimen de transferencias.

“No habrá nada por el estilo (condonación de impuestos), en su momento el municipio ofreció el poder llegar a un acuerdo, sin embargo, no hubo voluntad de parte de ellos por lo cual tenemos que proceder”, señaló Zetina.

“El adeudo con el municipio sigue existiendo, no porque se vaya el equipo desaparece, al contrario, estaremos viendo en las próximas fechas cuál es la solución que se le puede dar a este adeudo; ver si se va a hacer la liquidación del mismo, si se va a requerir a las personas para llegar a algún acuerdo o ver si el estadio será embargado”.

Irapuato tuvo un torneo espantoso; finalizó último en la tabla general con apenas 7 puntos en 14 encuentros, consiguiendo una sola victoria por nueve derrotas. Pero este desempeño es sólo la cereza del pastel en la maltratada historia de la institución puesto que el club fresero ha tenido que lidiar con problemas más graves a lo largo de los últimos años.

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A finales del 2001, Irapuato experimentó su primera desaparición de la Primera División. Fue adquirido por Grupo Pegaso, trasladado a Veracruz y luego transformado en el actual Jaguares de Chiapas. Reapareció con el nombre de «Real Irapuato» en el Ascenso, cuando Querétaro se mudó a esa ciudad. Ascendió en el 2003 venciendo a León en la final de la mano de José Luis Saldívar en el banquillo, y jugadores emblemáticos como el argentino/mexicano Ariel González y el brasileño Josías Ferreira.

Sin embargo, en el 2004, la gente de Irapuato se quedaría sin fútbol profesional por segunda vez sin explicación –coherente en términos deportivos– alguna. Este equipo, recordado por ser competitivo con jugadores como el ecuatoriano Édison Méndez y los costarricenses Mauricio Solis y Ronald la «Bala» Gómez, sería misteriosamente desaparecido al final del torneo (junto a Querétaro) por una súbita decisión, decretada por la FMF, de reducir el número de equipos en el torneo de 20 a 18.

Desde aquel entonces hasta hoy, el mejor momento de Irapuato fue en el 2010 cuando anunciaron el refuerzo de Cuauhtémoc Blanco, además de otros veteranos como José Luis «Parejita» López, Reinaldo Navia y Adrián el «Grande» Martínez. El proyecto prometía más nunca concretó objetivos. Ya terminado el Clausura 2013 en la Liga de Ascenso, la gente –tristemente ya acostumbrada– vuelve a proclamar su frustración por no tener fútbol nuevamente. Lo que duele aun más, poniéndose en los zapatos del aficionado fresero, es que cuando Roberto Martínez adquirió al club a través de la franquicia de Pachuca Juniors (de Jesús Martínez) en el 2008, le añadió un mote al equipo que generaba esperanza: «Club Irapuato Por Siempre».