[Tiempo de lectura: 9 minutos]
[Canción para acompañar: «Farruca Huajra» – Inti-Illimani con Paco Peña y John Williams]

«Nadie ama a su patria por ser la más rica, la más grande o la más avanzada, sino porque es la suya».- Anónimo

¿Por qué apoyamos a un equipo? ¿Por qué decidimos defender un escudo cuando el impacto directo que éste tiene sobre nuestras vidas es irrelevante? ¿Por qué gritamos de júbilo o puteamos de coraje en un partido? ¿Por qué? ¿Para qué? Simbiosis.

El ser humano es especial ya que es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, más cuando esa piedra está forrada con billetes e involucra emociones. Desde pequeños, el amor a un club es inculcado por nuestros allegados como una obligación. Pasado el tiempo, ya con capacidad propia de razonar, decidimos seguir en el martirio emocional vistiendo la misma camiseta o cambiándonos a otra, pero jamás dejando de vestir una. Gastamos dinero y energía, recibiendo a cambio alegrías y tristezas, más de estas últimas que de las primeras. Y quienes no pueden con la carga negativa, eligen saltar de escudo en escudo, de vagón en vagón, siempre en el tren más rápido y con mejores asientos.

Este fenómeno se debe exclusivamente a que nos sentimos parte de un grupo, de una institución, de una sociedad, que con el tiempo pasa a convertirse en una familia. El factor primordial es que al serle fiel a este grupo, y al seguir sus lineamientos, desarrollamos una identidad y una seguridad, conceptos que en conjunto definen nuestra personalidad. Algo vital en nuestra búsqueda existencial. Otros dotados de talento en la pluma, como Juan Villoro, definen este sentido de pertenencia como el reflejo de la infancia: “Cada persona tiene razones íntimas para irle a un club determinado. Y la mayoría de éstas impactaron en la infancia y pueden ser tan caprichosas como la ida a un estadio con un tío o el añoro de la madre nacida en una ciudad determinada. Cualquier detalle puede detonar el amor por un equipo, pero una vez que se establece, aprendes a soñar con unos colores y no con otros. Entonces, cambiar de equipo o dejarlo es como tratar de cambiar de infancia, algo bastante absurdo”.

Esta simbiosis, de cimentación amorosa, se refuerza con el tiempo, fidelidad y constancia. Factores que contrastan con los motivos de su creación. Sin importar si un club tiene décadas de existencia o apenas unos cuantos años de vida, habrá momentos puntuales que generen esa catarsis necesaria en una persona para adoptar dicha entidad como su nuevo hogar emocional. Equipos como América, Guadalajara y Cruz Azul, entre otros, han forjado su legado desde el siglo anterior, mientras que otros como Tijuana o Jaguares, ni existían cuando la gente se preparaba para recibir el Fin del Mundo en el 2000.

En México, este sentido de pertenencia se ha ido perdiendo poco a poco. Existe, y es sumamente notorio todavía, pero su patrón de crecimiento es negativo. La causa (o más bien las causas) es la siguiente:

1. La Globalización tecnológica. Desde que tenemos acceso ilimitado a las ligas europeas hemos demeritado el producto y trabajo local. Un «divorcio estético», como lo califica Juan Villoro nuevamente. Tras presenciar a un sistemático Bayern München hacer pedazos a un Barcelona histórico, una incansable lucha de goles, actuaciones y chismes entre Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, un acto de magia por Eden Hazard o una clase de táctica impuesta por Marcelo Bielsa o Jürgen Klopp, ver el partido del Puebla un Domingo o llegar más tarde a la fiesta el Sábado por observar al Atlas, es una utopía si no eres aficionado. Y a quienes no les queda otra que sentarse en el televisor porque no hay nada mejor que hacer, lo consideran como un castigo.

Tampoco se trata de promover lo que no se es. Las personas (y créanme que las hay en nuestro fútbol) que buscan, a base de tocar emociones, levantar una imagen espectacular de nuestro humilde, defectuoso pero apasionante balompié, rayan en lo absurdo. El punto es diferente. El punto es que lo técnico no equivale a lo emocional. ¿O acaso ustedes viajan a otro país y se avergüenzan de presumir sus colores? Andrés Iniesta le podrá poner un baile a Sinha, pero no por eso el cariño que le tiene un barcelonista a su equipo será superior al que un mexiquense le tenga al suyo (*).

2. Los Dueños. “¿Cómo vas a sentir identidad con un club que te traiciona, que vende tus jugadores, que no respalda lo que eres? Crear identidad y sentido de pertenencia es un tema cultural y ningún empresario quiere hacer esto”, vuelve a indicar Villoro en una entrevista a Contralínea. Los promotores terminan ofreciendo petardos para recibir comisiones. Los ídolos nacen después de apenas uno o dos torneos regulares, y emigran en un abrir y cerrar de ojos, algunos sin vergüenza de hacerlo hacia el rival odiado. Los técnicos con proyectos serios, son mandados a la guillotina después de una mala racha. Los técnicos malos, van succionando centavos de equipo en equipo, a ver con cual se sacan la lotería. Y lo peor de todo, cuando el escudo no está siendo redituable económicamente, se busca otra ciudad donde si lo sea. La cultura futbolística es al billete, lo que la mierda es al papel higiénico.

En junio del 2002 se anunciaba que Chiapas, tierra independiente, de cultura y maltratos, de indígenas y coletos, de zapatistas y campesinos, tendría fútbol de Primera División. Los Tiburones Rojos de Veracruz habían logrado su ascenso al máximo circuito por lo que el Puerto contaba con dos equipos en Primera, mientras que Grupo Pegasso, dueños de la franquicia, con tres. La mudanza era necesaria, y al mismo tiempo tentadora en lo económico. Tras un año de batallar con el atrofiado sistema de descenso, el Jaguar llegaba a la penúltima fecha en peligro de extinción. Los chiapanecos habían perdido con Colibríes de Cuernavaca, otro huevo podrido que los dueños empollaron esperando que resultase de oro, y necesitaba un milagro para seguir con vida en el alto nivel de competencia: vencer en su dos partidos restantes y que los plumíferos no ganaran uno. Al minuto 89 de la última fecha, el panorama se mantenía tal y como lo habría imaginado una persona sin ambiciones en la vida; no existían los milagros en la realidad. Pero cuando Gilberto Mora conectó ese tiro libre lleno de esperanza y júbilo, la catarsis necesaria para crear ese lazo afectivo entre aficionado y equipo apareció. Jaguares era y, lo más importante de todo, tenía una afición genuina de Primera.

Lee también   Chivas penúltimo en la porcentual

A sus casi once años de vida, la pubertad y –porque no– la madurez han llegado prematuramente a esta institución. Ha disputado siete liguillas y, a pesar de no haber pasado de los cuartos de final, puede jactarse de haber llegado a una de ellas siendo el segundo equipo que ha conseguido más puntos en un torneo corto. En el plano internacional no se arrugó, a diferencia de otros, y terminó colándose entre los ocho mejores equipos de América. Bien dicen por ahí que el Jaguar tiene ese instinto natural de escoger cuidadosamente a su presa, para luego extraer hasta el último pedazo de carne de ella. De los mejores extranjeros que han venido a México en los últimos años, varios han usado el Víctor Manuel Reyna/Zoque como aduana, entre otros, Salvador Cabañas, Danilinho, Itamar Batista y Jackson Martínez. Fruto de todo lo anterior, Jaguares ha conseguido los mayores trofeos que un equipo de fútbol puede obtener: una identidad deportiva, un arraigo natural entre un número considerable de personas y un respeto profesional.

Hace apenas unas semanas, este grupo de guerreros le dio una bofetada cultural a cada uno de los otros 17 equipos que conforman este círculo competitivo. Buscando unificar al estado (y al país) no sólo en lo deportivo sino que también socialmente, el grito de gol llegó a más de 800,000 almas autóctonas por primera vez. Jaguares venció a Chivas, rival que siempre aporta un plus competitivo cuando se le pasa por encima en la temporada. Sin embargo, en esta ocasión poco importaba el rival puesto que el gol se cantaba en otra lengua, una que irradia historia y cultura. Sin siquiera tener una palabra denominada para «Gol», Juan Gómez, maestro del SCRT (Sistema Chiapaneco de Radio y Telecomunicación), gritó con orgullo los goles de Luis Gabriel Rey, Luis Loroña y Franco Arizala, en Tzotzil y Tzeltal. “¿Cómo se dice gol en Tzeltal? No lo sé, pero me nació gritar Xch’oooooolel ocheeeeel. Fue algo muy bonito y más porque ganaron los Jaguares. Fue un día muy importante. No sólo para mí, sino para el pueblo indígena del estado de Chiapas. Estamos doblemente emocionados, primero por la experiencia que tuvimos con el equipo y a la vez hicimos llegar el mensaje, el juego y el deporte que es universal y que a los indígenas les gusta ver“, apuntó Gómez después del partido.

Lamentablemente Jaguares dejó de ser un negocio rentable en el estado de Chiapas por lo que, pisoteando arraigo, cariño, sentimiento de pertenencia e historial deportivo, el destino del equipo se vislumbra en otra plaza con el objetivo de que vuelva a generar capital monetario. La afición, inconforme y traicionada, marchó por Tuxtla Gutiérrez el pasado Viernes bajo el lema «Queremos a los Jaguares en Chiapas», tratando de hacer sentir su mensaje sobre los rumores que sitúan al equipo chiapaneco en Querétaro para la próxima temporada. La tragedia, para que sepa a superada, debe tratarse con trabajo en lugar de billete. Sobre todo si involucra al escudo. He pasado 9 años de mi vida en Querétaro y puedo dar fe de que tan atractiva es esa plaza deportiva. Pero también soy testigo de que la afición es real, que sus valores son fuertes y que no por el deseo de tener fútbol de Primera División a toda costa, prostituirán su sentido de pertenencia. Ellos, antes que muchos, entienden el sentir de cada hincha naranja puesto que comprenden a la perfección lo que es labrar el camino de un equipo desde cero.

Hace algunos días, el Diario de Chiapas publicó una nota en la que entrevistan a una fuente cercana al Poder Ejecutivo Estatal del estado, quien pidió el anonimato por obvias razones. «Se le apoyó de manera incesante (al club), pero es evidente, nunca consiguieron hacer afición. Estamos ante una situación inexplicable, pues las facilidades que pueden recibir en otro lugar, acá las tienen, pero si encima se está pretendiendo obtener más beneficios económicos, pues nosotros ya no podemos y menos en nuestra actualidad».

«Durante once años se han tenido logros esporádicos en lo deportivo, en la actualidad no se han preocupado por formar un equipo que pudiera pelear por un campeonato y eso fue ahuyentando a la afición. Analizando los últimos tres años, podemos ver lo deportivo y nos daremos cuenta que sí, tres liguillas y el tema de la Copa Libertadores, pero vayamos más allá, en lo deportivo, cuando parecía que el equipo podía ir en ascenso, vendieron al referente. A partir de ahí se comenzó con un problema, vendes a un referente y con el dinero que se gana, explican que primero se repartió entre no sé cuántos y después, que era para sanear sus números. Si ellos no pueden hacer que su negocio valga la pena, porque su producto no resulta atractivo, entonces se falló en otras cuestiones también, le fallaron a su afición y el arraigo se quedó ahí, entre que sí y no. Ahora hablamos de una franquicia que vale mucho y que es atractiva para plazas donde, con muchas probabilidades, no haya tantos problemas sociales que solucionar. En Chiapas hemos estipulado que no se les puede apoyar más de lo que ya se ha hecho».

Y para que la herida duela más, el anónimo finaliza exprimiendo un limón completo sobre ella: «Va a ser una experiencia desagradable para muchos, pero es parte del futbol de primera división. Querétaro, San Luis, a donde vayan, van a ir cargando el lastre de que, buscando cuidar su negocio, decidieron timar con una afición noble, que se quedó esperando el proyecto ambicioso que pregonaron y que, hasta hoy, se ha quedado únicamente en eso, proyecto».

De concretarse, poco se puede hacer para mantener la ilusión deportiva en esta comunidad. Lo único que nos queda es apreciar más que nunca nuestro escudo, velar porque aquellos encuentren uno nuevo y, sobre todo, expresar nuestro mensaje de inconformismo para que quien se esté beneficiando económicamente con esta mudanza, sepa que el dinero no compra emociones. Cualquiera que sea su destino, nosotros sabemos que #JaguaresEsDeChiapas.

Sígueme en @Nicoliszt.

(*): Ahí tienen otra aplicación a la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein.