Después del empate que México protagonizó ante los Estados Unidos en el Estadio Azteca, las portadas en los periódicos nacionales han desplegado todo tipo de titulares sobre la situación del TRI. Hablan de crisis, de paupérrimos resultados, de una posible salida del Chepo, de una dudosa participación en Brasil 2014 y de una dependencia absoluta de Carlos Vela, entre otras cosas.

Los resultados no han sido los deseados, de eso no hay duda alguna. Sin embargo, más que las estadísticas, pronósticos y números que México pueda tener y que se le puedan exigir, la única razón de preocupación es el pobre funcionamiento táctico desplegado en el terreno de juego. México no posee una idea clara al ataque, carece de creatividad y su capacidad de ofrecer algo diferente en algún lapso del partido es casi nula.

En los últimos dos partidos se abusó del juego por la banda, el cual es bastante predecible. Andrés Guardado, Javier Aquino, Pablo Barrera, Alberto Medina y Luis Alonso Sandoval, entre otros, son el reflejo del estereotipo de jugador que ha venido sacando nuestro país en el último tiempo. Su estilo de juego es espectacular y efectivo en un inicio, sorprende a aficionados y rivales, a unos los cautiva y a otros los liquida. Pero la innovación no existe en estos jugadores. Si la receta les funcionó una, dos y hasta tres veces, entonces la adoptan por el resto de sus carreras. Pero el rival no es tonto, aprende y neutraliza. A toda acción, hay una reacción.

Lamentablemente a esa reacción, México no ofrece otra. O más bien no la posee. El parado del Chepo no le da cabida a un jugador que se desempeñe de manera libre, que ofrezca algo diferente. Vamos, un «10» nato. Y si no hay cabida, es porque De la Torre no lo considera necesario en su esquema o verdaderamente no existe material para dicha posición.

¿Qué opciones tiene México como «enganche»?

1. Sinha.

Desde que Cuauhtémoc Blanco comenzó a vivir la curva descendente en su carrera, el brasileño naturalizado mexicano ocupó automáticamente la plaza creativa como reemplazo de Blanco. Gracias a su exquisita técnica es, quizás, el único jugador al que no se le ha involucrado en la polémica sobre si México debe o no, aceptar extranjeros en sus filas. Sin embargo, Sinha nunca rindió con la verde al nivel que se le esperaba, ese que se le veía en el Nemesio Diez cada 15 días. Los años han pasado y con ellos las esperanzas del aficionado mexicano en que este jugador tenga un impacto relevante en la Selección.

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2. Héctor Herrera.

Su posición es más retrasada. Es un MC nato. Pero la envidiable técnica de Herrera hacen posible que se experimente con él en una posición más adelantada, con más libertad e impacto ofensivo en el equipo. La sobrepoblación de contenciones que el Chepo ha utilizado en su mandato, hacen que la capacidad creativa de México disminuya en la medular. Con Herrera otro gallo podría cantar.

3. Marco Fabián.

Probablemente sea la opción más coherente que México tenga en esa posición actualmente. Fabián, con su juventud y calidad, es la carta más fuerte que nuestro país tiene en creatividad futbolística. Su polifuncionalidad le ha ayudado a desempeñar papeles importantes en la delantera también, pero su hábitat natural es la distribución y creación de juego.

4. Daniel Ludueña.

Su años gloriosos ya han quedado atrás. Y el hecho de ser naturalizado tampoco le ayuda mucho ante el aficionado y directivo. El Hachita tuvo la oportunidad de vestir la casaca tricolor en su mejor momento, pero el llamado de otros naturalizados hizo que la convocatoria de Ludueña fuese innecesaria o exagerada. En Pachuca está agarrando su segundo aire apenas y podría ser la opción menos viable en el banquillo nacional, aunque la técnica es algo que va en dirección contraria a la edad.

5. Giovani Dos Santos.

Gio comenzó su carrera jugando de enganche. Pero poco a poco ha ido inclinándose a la banda, teniendo sus mejores partidos con México en dicha posición. Para muchos sería una locura sacar a Dos Santos de la banda, ya que jugando ahí, termina siendo el elemento más peligroso en cada partido. Pero sus condiciones hacen pensar que también podría desplegar un rol de creación, más activo con el cerebro y pasivo con el cuerpo.

Para ustedes, ¿es necesario un «10» en un esquema de juego? Y de serlo, ¿quién es su candidato ideal?