Pasan los años y el 'Rolfi' sigue caminando por las canchas mexicanas...
Pasan los años y el ‘Rolfi’ sigue caminando por las canchas mexicanas…

Es por demás, simplemente ha dejado de ser un jugador con deseos, con anhelos y se ha convertido en uno más, de esos que seguramente será olvidado poco tiempo después que termine su ciclo en el equipo amarillo, de esos que están cómodos, escondidos entre el mar de piernas que golpean el balón durante el tiempo que dura un partido, de esos que parece, ven el juego como su chamba a la que tiene que asistir por 90 minutos y hacer como que juega, como que corre, como que le interesa…

Compromiso alguno no muestra. El «10» de esa camiseta le queda enorme para ser sinceros y resulta hasta ofensivo verlo jugar 60 o 70 minutos por partido. El que en el papel viene siendo el jugador de peso del equipo de Coapa, esa posición que a lo largo de la historia ha sido determinante y de jerarquía, hoy no pesa absolutamente nada. Él, no completa un solo partido y cuando sale de cambio siempre lo hace arrastrando los pies, como si hubiese brindado el juego del siglo cuando es evidente que en la cancha no aparece. Cada que deja el terreno de juego, sus compañeros le aplauden, quizás porque de la cancha se va alguien que no hace mucho por echarles la mano, aunque lo más seguro es que él piense que le están aplaudiendo su esfuerzo del día.

Ayer, una vez más lo volvió a hacer porque sabe que en México la presión de la afición no es como en su país natal, es más, se ha dado cuenta incluso que no hay pasión desbordada por el futbol, o al menos no como se vive en Sudamérica, donde la hinchada no le permitiría faltarle a los colores de su equipo de manera tan descarada, sin embargo, eso no le da el derecho de caminar, de trotar y de pasar inadvertido semana tras semana, sea en temporada regular, sea en liguilla o incluso en un amistoso.

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Son años ya con el Rolfi jugando a un nivel paupérrimo, escondido cuando más se requiere de un jugador que saque el genio, que cambie la historia y que pese en la cancha.

Que lejos está Montenegro de ser siquiera la mitad de lo que fue en River o en Independiente. Que lejos está el argentino de significar la mínima parte de lo que significaron jugadores como Antonio Carlos Santos, Eduardo Bacas, Daniel Brailovsky y hasta Hugo Norberto Castillo si se permite su ingreso en este grupo selecto. Ellos, todos, le dieron su vida al equipo, sus mejores momentos como profesionales, entendieron la importancia de su accionar en la cancha y decidieron ser grandes jugadores vestidos de amarillo con todas las presiones que eso implicaba.

Es inexplicable cómo un jugador que ha rendido tan poco en el América hoy siga vigente ahí, que sea el capitán y que de todos los que juegan, sea el único que no tenga ganas de correr y de luchar, y es que el Rolfi, este que juega en el América, definitivamente no es el mismo que alguna vez figuró en el cono sur y que llegó precedido de gran fama y cartel al futbol mexicano. ¡Es un engaño!

No se trata de cargarle la mano a uno solo, es claro que en el América hay algunos jugadores que carecen de personalidad para formar parte de la institución, pero lo de Montenegro, por su condición de extranjero y de jugador clave del equipo se lleva las palmas.

¿Cuánto más Rolfi, cuánto tiempo más seguirás caminando por las canchas mexicanas?