El argentino nace y lo primero que ve es un balón de fútbol. Su primer juguete y le dura toda la vida. Práctica, talento o suerte, llámenlo como quieran pero el argentino nace con el don de amar este deporte y, en la mayoría de los casos, jugarlo de la mejor manera posible. Sin embargo, este don adquirido de nacimiento, no sólo se expresa dentro de la cancha sino que también fuera de ella, detrás de un micrófono.

Lamentablemente, en nuestro país no sucede eso. Si bien, el don de generar futbolistas de talla mundial en otros países es una constante, rara vez rompemos esta ley y sacamos algún prodigio como aquel que hizo deslumbrar el Principado francés y la capital de Catalunya con el 4 en la dorsal, o en la actualidad rompiendo redes con el 14 en Old Trafford. Una vez aclarado ésto, nos adentramos en un ámbito donde el sol brilla poco: la locución deportiva.

El ser un buen comentarista no significa tener una buena voz o saberte el nombre de cada jugador, ya que estos valores agregados quedaron enterrados mucho tiempo atrás por el gusto de las nuevas generaciones. El comentarista debe de darle vida al partido con objetividad, humor y un pisca de crítica, ya que a la larga, el comentarista es un crítico más. Quizás por esta razón son contados con los dedos de una mano los periodistas deportivos que llevan la batuta en México en este momento (a nivel de gustos populares). No por sus trayectorias, ni por sus voces, sino que por el entendimiento del fanático y el contenido que entregan en base a este mismo.

¿Y el resto?

Cabe recalcar y aclarar que este escrito no atenta nada personal contra ninguno de los mencionados aquí. Es solamente crítica a su trabajo, que es lo único que nosotros podemos exigir, como aficionados, a realizarse de una manera que nos entregue algo diferente y satisfactorio. Así que si alguna cabeza alta de una televisora ve ésto, pueden empezar por tomar conciencia acerca de la importancia que tiene el que está detrás del micrófono y que no simplemente por haber sido futbolista profesional, merece estar en aquel lugar.

6. Rafael Carretero

Las palabras sobran con este pobre muchacho que elegido para narrar un penal decisivo en el triunfo de Atlas sobre América en este Clausura 2013.

5. Javier Alarcón

Me gustaría conocer a la persona que le dijo a Javier: “¡Hey Javier tienes un gran carisma como conductor de La Jugada. Deberías de narrar partidos también, creo que lo harías excelente!”. No, no, no, no. Ya tenemos un comentarista ex-conductor de La Jugada, que nos pone los pelos de punta. No necesitamos otro. Tampoco es necesario recordarnos cada 5 minutos como funciona la tecnología TD y que tanto impacta en las transmisiones.

4. Enrique Bermúdez

Al Perro lo mató el FIFA. Años atrás, Bermúdez llamaba la atención por dos cosas: 1) la voz única y pegajosa que poseía y 2) la pasión con la que gritaba los goles. Y ahí estabamos fin de semana tras fin de semana viendo algún partido del Atlas, sólo para escucharlo, o que mejor cuando le tocaba narrar en la Selección. El nivel de tonterías que decía se mantenía en un nivel medio, suficiente para darte una palmada en la cara pero no para cambiarle de canal. Luego vino el caos… ¿Por qué FIFA? En serio, ¿por qué?. Con lo que facturas, puedes traer hasta al mismo Marcelo Araujo. No necesito explicarles lo que significaba jugar 4 o 5 horas al días escuchándolo junto a Peláez decir lo mismo una y otra vez. Fue un trauma grueso. En el momento que lo escuchabas en vivo, no podías dejar de pensar en otra cosa que tus momentos en la consola y la frustración de tener que oir sus puntadas.

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3. Gustavo Mendoza

Podemos aguantar un nombre olvidado, un error de pronunciación, hasta un gol mal cantado. Pero jamás toleraremos un comentarista que se intente hacer el gracioso con frases robadas de un kínder y resulte en algo penoso. Su estilo ya nisiquiera nos es indiferente, sino que hasta llega a molestar en sus comentarios con el, también aclamado, Francisco Gabriel De Anda. Cuando saca sus frases de “¡Le dijo que sí a la pelota!”, “¡Le dijo que no!” o Naaaaaaa!, explotamos como un barro en cara de puberto y cambiamos el canal inmediatamente. A veces los comentaristas quieren asomarse tan rápido con su estilo “innovador” e inventan frases sin su planeación y aprobación del público, pensando (sólo ellos) que la gracia se sobrepone a un comentario futbolístico. Es posible, y Christian Martinolli es la prueba viviente, pero él no lo hizo de la noche a la mañana. Si Martinolli hubiera implementado su estilo de golpe como lo hizo Mendoza, entonces nadie lo soportaría.

2. Ciro Procuna

Ciro ha sido partícipe de uno de los momentos más traumantes en nuestras vidas de aficionado televisivo al deporte más hermoso del mundo. Si de por sí es un martirio escucharlo, algo que quedará en nuestras mentes por toda la vida son los partidos de fase de grupos de la Concachampions transmitidos por él. De verdad, recuerden a lo largo de su vida, el profesor más aburrido que hayan tenido. Imagínenlo ahora dando la clase más aburrida que hayan tenido en un día donde está enfermo. Como panelista y analista es bastante bueno y no se le va una, pero hay que saber cuando hay límites en ciertas disciplinas.

1. Raul Orvañanos

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre… bla bla bla… y líbranos de Raul Orvañanos, Amén. En Televisa pasaba un poco desapercibido porque su responsabilidad más grande era conducir La Jugada, y también porque entre integrantes de la misma manada, se camuflajean y cuidaban entre sí. Pero cuando Orvañanos llegó a Fox Sports, se subió al podio de la infamia en un abrir y cerrar de ojos. Raúl junta todos los defectos posibles en un comentarista de fútbol:

  • Se le olvidan los nombres. “Sigue atacando el Inter. La tiene Cambiasso que la cede para… el número 7. Cambio de juego para Sneijder (con una pronunciación espantosa) y este con un pase profundo para… Robben, ¡ah no! ese juega en el Bayer Leverkusen (la cereza del pastel).”
  • Voz aburrida. Creo que en este punto le gana Ciro Procuna, pero aun así tenemos que reventarnos 90 minutos no sólamente con él, sino que además nos ponen a Santiago Puente a su lado como limón en herida abierta.
  • Comentarios irrelevantes. “¡Qué buen partido tenemos Santiago, ida y vuelta sin respiro! Por cierto… ¿ya te diste cuenta que Eschwuenchteiguer (Schweinsteiger) trae los botines de color negro hoy?“… (¿De verdad Raúl? ¿Es necesario?)
  • Imparcialidad. Está bien apoyar al equipo nacional, impulsar el talento local y alegrarse por los triunfos de los nuestros a nivel internacional. Pero no creo que a través de una cadena internacional sea la mejor opción de hacerlo. Mucho menos en una instancia que no define nada relevante para algún equipo mexicano.

Añado que las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite, y no de FutbolSapiens.