Cuando se es niño no forzosamente se requiere de una pelota o un balón como tal para jugar futbol. Cualquier cosa que sirva para ser pateada, no obligatoriamente redonda, funciona para darle rienda suelta al gusto de sentirse crack por un momento. En África, por ejemplo, los infantes crean sus propios esféricos con materiales reciclados y objetos que se encuentran en la calle. Bolsas de plástico, telas o plumas forman parte de su repertorio para confeccionar pelotas.

En México, muchos de nosotros jugábamos cáscaras, juntos o solos, en la casa o en la calle, con latas, envases de refresco, suéteres amarrados con una agujeta, e incluso almohadas. También llegábamos a usar una que otra fruta como naranjas o toronjas. En los casos más extremos hacíamos de las cajas de cartón un balón deforme tapizado de cinta adhesiva. Hasta las piedritas pateábamos.

Porque para jugar la imaginación sobra, ¿qué usaban ustedes como pelota?

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