Soy un romántico creyente de que es un instante, un segundo, una decisión, la que destina el resto de tus días, la que marca el camino que habrá de seguir tu vida de ese punto exacto en adelante; puede ser tomar o no la última copa, ir en pecero o en taxi, camisa roja o blanca, venirte adentro o afuera. Ayer por la tarde un chico no mayor a los 23 años perdía la vida en un hospital después de varios meses de una agonía propia y de sus seres queridos; en un hecho lamentable y que hay que señalar y no soslayar en el que, desafortunadamente para la pelota, dos ex jugadores del Necaxa estuvieron involucrados.

La vida no será la misma para la ciudad, misma que se encuentra con la noticia por todos lados (diarios locales, páginas cibernéticas locales, charlas en los empleos, etc.), para la familia del hoy occiso y de la misma manera para los dos culpables: Luis Gorocito y Alejandro Molina, el primero uruguayo de 23 años y el segundo mexicano de 27 años. El medio deportivo también esta conmocionado, las notas van y vienen y los periodistas y comunicadores en general, siguen en un shock continuo desde que la noticia surgió hasta la fecha, las imágenes son brutales, la golpiza que le propinaron al joven fue bestial y la única «justificación» (obviamente sin sentido) fue el alcohol ingerido esa noche, una decisión que cambio la vida de todos los implicados.

Hoy en día la familia llora, los culpables esperan sentencia y la pelota tiene que seguir rodando, aunque para efectos históricos, desafortunadamente la pelota si se mancha; mientras siga habiendo allá afuera gente sin tolerancia y que sientan que su estatus esta por encima de la vida de cualquier ser vivo, seguiremos condenando hasta el cansancio este tipo de hechos. Solidaridad y ánimo con los familiares de Luis Rodolfo Mariscal (QEPD).

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