Durante toda la temporada, nadie apostaba por él. Pero de buenas a primeras Cristian Nazarit, atacante del Santa Fe colombiano, se ha convertido en la sensación de la hinchada y de algunos medios. De repente comenzó a anotar goles y tiene a su equipo en las finales.

Sin menospreciar su trabajo, dedicación y esfuerzo, este muchacho atribuye su buen paso a su devoción por imágenes religiosas, entiéndase santos. Sea el partido que sea, en la cancha o vestidor que sea, el hombre pide lo dejen a solas para encomendarse a sus “colaboradores”.

Según sus palabras, por mandato casi divino, Nazarit dedica 40 minutos después de cada entrenamiento para perfeccionar tiros libros y remates. Más que una disciplina o un deseo por mejorar, para él “es un ritual santo”.

Terminado su ritual, se va al vestidor para bañararse (purificarse) y ponerse prendas y collares especiales para él: “son representaciones simbólicas de los santos que me acompañan: a ellos me encomiendo antes de jugar, ¡me dan fuerza!”. Este otro ritual también consiste en evadir a los periodistas, a quienes sólo puede dedicarles tiempo en conferencias de prensa.

Aceptándose tímido, Nazarit comenta que adoptó la santería como su religión y a ella le reconoce su potencial goleador: “uno hace lo que los santos mandan, aunque también influye mi dedicación”.

Así, para quienes tengan la osadía de reconocer y admirar su talento futbolístico decirles que estarían atentando contra sus creencias, pues todo es producto de los santos y no de él.

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