Los futbolistas españoles Andrés Iniesta y Fernando Torres son los máximos exponentes de la revolución financiera y deportiva que atraviesa la liga nipona, alimentada por un aumento de la asistencia a los estadios y jugosos contratos televisivos.

Aunque era un secreto a voces, el fichaje de Iniesta por el Vissel Kobe sorprendió a muchos cuando fue anunciado oficialmente este verano tras semanas de rumores, al igual que la incorporación de Torres al Sagan Tosu, puesto que ambos tenían ofertas de clubes europeos o de la Superliga china, conocida por su poderío económico, señaló EFE.

Y es que se trata de dos refuerzos que disparan el nivel futbolístico y económico de una competición que, tras acoger a muchas estrellas extranjeras en los noventa, apenas contaba ya con jugadores con tirón internacional, aunque eso no ha sido impedimento para crecer en los últimos años, especialmente en lo financiero.

La J-League ha logrado incrementar la asistencia a sus estadios de forma sostenida en el último lustro hasta situarla en un promedio unos 19.000 espectadores en 2017, mientras que sus ingresos totales se situaron ese año en 26.767 millones de yenes (206 millones de euros), el doble que en 2016, según datos de la organización.

Detrás del fichaje de Iniesta también está el multimillonario propietario del Vissel Kobe y del gigante del comercio electrónico Rakuten, Hiroshi Mikitani, quien condujo personalmente las negociaciones y trajo al centrocampista manchego a Japón a bordo de su jet.

La llegada de estos dos exjugadores de la Roja ha generado una enorme expectación en Japón, donde sus rostros son omnipresentes en los medios, anuncios publicitarios o redes sociales, mientras que los estadios donde juegan suelen rozar el lleno, ya sea en casa o como visitantes.

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