Argentina del 82: La descafeinada selección entre campeonas albicelestes

La historia recuerda con algunos asteriscos (por aquel partido “milagroso” ante Perú y la dictadura militar) el primer mundial ganado por Argentina en 1978. Sin embargo, Mundial es Mundial y fue la primera gran conquista de la Albiceleste.

Luego, en 1986, de forma incontestable (bueno, hubo un gol con la mano) gana la edición de México con un Diego Armando Maradona en rol indiscutible.

Pero hay una camada intermedia, la de España 1982 que se suponía, viéndola desde la perspectiva del paso de la historia, que debía tener lo mejor de las dos camadas campeonas del planeta, incluyendo a un Maradona ya en su tinta.

Esta selección tuvo en duda incluso participar en el Mundial. Estaba en pleno apogeo la Guerra de las Malvinas, una disputas por unas islas de ultramar entre Argentina e Inglaterra. El mandatario argentino Leopoldo Galtieri, pensando que podría estar junto a los próceres de la historia argentina, mandó a la guerra a unos muchachos sin ningún tipo de experiencia militar a ser aplastados por el ejército británico, mucho mejor armado y preparado que, bajo el mandato de Margaret Tatcher, la “Dama de Hierro”, defendió la soberanía de las Falkland Islands.

Recién el 7 de mayo de 1982, a un mes y seis días del debvut, el presidente de la AFA, Julio Grondona, salió a confirmar la presencia del seleccionado en la Copa del Mundo.
«Argentina se presentará, salvo si decide lo contrario la Junta Militar. Tan sólo en caso de una agravación considerable se podría contemplar una renuncia», afirmó Grondona. Por las dudas, la FIFA ya tenía a Portugal, Suecia y Rumania como posibles reemplazantes.
Evidentemente, la campeona de 1978, que ya tenía a Diego Armando Maradona, no tuvo una preparación adecuada para la cita ecuménica.

Por el otro lado, también había tensión. Gran Bretaña especuló con lo peligroso que podría ser un enfrentamiento de Argentina con alguno de los combinados británicos y también consideró retirar a los seleccionados de Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte por temor a un posible cruce durante la segunda ronda.

La medida no se concretó debido a que la FIFA había aplicado duras sanciones, con grave perjuicio para las federaciones, si hubieran adoptado esa decisión. Los amenazó severamente, pero la prensa de aquel entonces, aseguraba que puertas adentro, se habían hecho todo tipo de movimientos para evitar al máximo que estas selecciones coincidieran.

El conflicto finalizó el 14 de junio cuando las tropas argentinas se rindieron en Puerto Argentino luego de 74 días de combate. Argentina tenía pocos días de haber llegado y el defensor del título mundial, un día antes (13 de junio) cayó derrotado por 1-0 ante Bélgica en el estadio Camp Nou del Barcelona.

Fue una actuación muy opaca para una selección defensora del título, que conservaba a su técnico, César Luis Menotti y figuras de la primera conquista, como Daniel Passarella o Mario “Matador” Kempes, juntándolo con los campeones del Mundial juvenil de Japón, que tenía figuras como Diego Armando Maradona o Ramón Díaz. Más futuros campeones del Mundo como Jorge Valdano o Nery Pumpido.

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Es muy fácil verlo en este momento de la historia, pero tenía un equipazo esa selección de 1982 que terminó de forma muy mediocre, más allá de que había combinados fuertes como la selección de Brasil (para muchos, la de mejor juego en la historia), la campeona Italia o la misma Alemania.

En el siguiente partido, de la primera ronda, Argentina se recuperó al golear 4-1 a Hungría (que venía de meterle 10-1 a El Salvador) con dupleta de Maradona. El barco empezaba a enderazarse cuando aseguró su pase a la siguiente ronda al ganar 2-0 a la débil selección de El Salvador.

Menotti atribuyó la falta de brillo de su selección campeona a que sus jugadores, en especial a Maradona “los cosieron a patadas con total impunidad”. Lo cierto es que al avanzar segundos, cayeron en el peor grupo posible de la segunda fase.

 

En picada

En esa edición los primeros y segundos de la primera ronda, pasarían a conformar cuatro grupos de tres. Y los ganadores de cada grupo, iban a semifinales y luego a una final.
A Argetina le tocó el peor grupo posible: En Barcelona enfrentaría a Italia y a Brasil. Debía demostrar por qué era el campeón del mundo.

Al parecer, no fue buena idea que Argentina se quedara en una ciudad costera como Barcelona. Recuerda el periodista Sergio Levinsky que a los jugadores se les veía distendidos en las playas, disfrutando de las ramblas, cuando los partidos más fieros estaban por darse. Alguno lo justificó como la desconexión necesaria después de tanta tensión tras la guerra en Argentina. Pero los resultados no mienten.

El ‘Catenaccio’ de la Nazionale fue demasiado para los albicelestes. Maradona sintió el rigor de la marca insoportable de Gentile (la peor y más sanguinaria ‘personal’ sufrida por Diego) y la roja a Américo Gallego enterró las ilusión de empate generada por el descuento de tiro libre de Pasarella tras los tantos de Tardelli y Cabrini, que llevarían al primer triunfo a los «Azzurros» en España. La Azurra había pasado de fase con tres empates.

Debía jugársela toda ante una Brasil imponente, pero fue bailada. Con goles de Zico, Serginho y Junior, fueron enviados a casa (3-1).

Muchos esperaban más de la figura deMaradona, que encima lleno de impotencia ante la magia de los mencionados, más Sócrates o Toninho Cerezo, le dio un planchazo a Batista a falta de pocos minutos para el final, lo que le ameritó su única expulsión en un Mundial.

De ser campeona, Argentina pasó a quedar 11° por detrás de de países como Austria e Irlanda del Norte. El ciclo del «Flaco» Menotti que había dado una identidad a la selección terminó abruptamente. Aguardaba la siguiente era, la de Carlos Salvador Bilador y el regreso al nuevo continente, México, donde le solía ir mejor a los equipos de este lado del Mundo.