Argentina tiene miedo. Aunque el 10 sea Messi. Pese a que se haga de local en una cancha emblemática como la Bombonera. Más allá de que la historia de las dos Selecciones le juegue a favor. Aun cuando dependa de sí mismo para ir al Mundial. Tal vez, justamente, ése sea el problema hoy de Argentina: que dependa de Argentina. El equipo está deprimido, asustado, abrumado por la suma de decepciones. Y con una presión tamaño país. Un medio tan futbolero no podría soportar mirar una Copa del Mundo por TV.

Si estos jugadores fueron atacados -en muchos casos injustamente- por llegar a tres finales y no ganarlas, aun cuando mereciera ganarle a Alemania en Brasil 2014 y pese a que las derrotas en Copa América fueron por penales; ni imaginar lo que podría ser que no consiguieran el pasaje para el torneo más importantes de todos.

Hoy el contexto es letal. Fundamentalmente porque el equipo no da garantías. Ni de juego ni de carácter. Con Venezuela pudo haber destrabado todo y ponerse en posición de viaje a Rusia. Erró siempre que anduvo cerca del área y pasó a rezar. En una encuesta virtual, la Argentina hoy firma ir al Repechaje.

Sampaoli cambia pero no hay tiempo. Messi no desniveló pese a ser siempre la gran esperanza, Dybala decepcionó fuertemente, Di María se lesionó otra vez en un partido determinante, Icardi no solucionó la falta de gol importante de Higuaín… Entonces se piensa en jugadores de acá, de allá, de todos lados. Pero será clave qué partido se juegue con la cabeza. Es un partido para hombres. Al fin de cuentas, el problema no es tener miedo, como le pasa hoy a Argentina, sino la templanza que se tenga para enfrentarlo y ganarle a ese temor.

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