Apuntes y reflexiones de la final de la Champions League entre Bayern München y Borussia Dortmund, disputada en Wembley.

1. Vikingos y soldados, hambrientos de gloria, danzaron y batallaron en igualdad de condiciones. Mostrando una formación inteligente, un deseo genuino por vencer y movimientos casi perfectos, dejaron al aficionado y al televidente con un inolvidable recuerdo de espectáculo puro. La final de Wembley sería una calcomanía de su ceremonia de apertura.

2. Empuje con artillería como primera opción, retaguardia inmediata, y de vez en cuando un flechazo. La postura de ambos era clara. Teniendo como prioridad el ataque, es difícil, por no decir imposible, que un partido carezca de espectáculo. Del silbatazo inicial al minuto 25, el partido se pintó de amarillo, seis llegadas por cero del Bayern. El buen peleador examina a su rival, deja que él tome la iniciativa y recibe golpes para evaluar y entender su técnica. Luego, ante la sorpresa de muchos, despierta. Del ’25 al término del primer tiempo, Bayern tocó la puerta de Weidenfeller cinco veces, por sólo una del Dortmund.

3. Divertido pero sin goles. Al mediotiempo nadie cuestionaba la calidad del partido, así como la de los porteros. Neuer fue un dique y terminó evitando goles con la palma de la mano, los puños, el pecho y hasta la espinilla. Su mayor virtud fue el reflejo. Del otro lado, Weidenfeller frustró el ataque rival y de paso aumentó la incertidumbre que genera el Bayern en una final, además de las injustas burlas a Robben. Su mayor virtud fue la anticipación.

4. Ribéry ausente. Robben errático. Las bocas y los dedos de muchas personas se llenaban de esa crítica destructiva que nace con facilidad y muere de la misma manera. El francés y el holandés eran los artífices del primer grito de gol en la noche, cerrado por el croata Mandzukic.

5. Hay algo de humano en esa máquina llamada Bayern. Existe el error, no todo es perfecto. Sus récords batidos, su estilo de juego rutilante, su campaña inmaculada, sus números fastuosos, vamos, todo lo que cosechó el Bayern esta temporada, estuvo a punto de irse por la borda por culpa de Dante. Su patada fue directo al estómago de Reus y al orgullo muniquense. El fantasma de las finales perdidas se asomaba en Wembley y Gündogan se encargaba de mandarlos, en un abrir y cerrar de ojos, del cielo al infierno. Al infierno de Dante.

6. Los ojos depositados en Lewandowski, Müller, Schweinsteiger, Reus, Neuer, Weidenfeller, Gündogan y ‘Kuba’, por ser los que podrían influir directamente en el marcador del encuentro. Sin embargo, entre tanto arbusto había un jugador que se abría paso silenciosa pero efectivamente. David Alaba desempeñó un partido que rayó en lo perfecto. Sólo un puñetazo de Weidenfeller evitó que el austriaco fuese el jugador de esta final.

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7. Sin importar que tan viejo, joven, bueno o malo seas, el fútbol siempre te da revanchas. El pasado de Arjen Robben es envidiable, desde un punto de vista formativo. Sus caídas, lesiones y fallas han generado en él, más allá de una impotencia puntual, un deseo de superación mayor al promedio. Si a Falcao le llaman el Tigre, a Messi la Pulga y a Benzema el Gato, entonces Robben debería ser, sin duda alguna, el Fénix. Al ’88 el holandés, después de generar júbilo con un toque suave, corría hacía el banderín con una expresión de sorpresa, alegría y orgullo. Bien dicen por ahí que lo que no te mata, te fortalece.

8. Asistencia milimétrica de Kaká, definición catedrática de Crespo, cabezazo exacto de Gerrard, misil esperanzador de Smicer, dramatismo puro de Xabi Alonso, falla memorable de Shevchenko, baile heroico de Dudek, remontada histórica del Liverpool, espectáculo épico en Estambul. La final del 2005 fue un evento sin precedentes y usarla como comparativo con las demás finales es injusto. Obviándola, Klopp, Heynckes y compañía nos ha brindado la mejor final en este siglo.

9. «Por encima de los títulos, deseo que me recuerden como un entrenador que siempre trató de mantener la luz encendida», declaraba Klopp en una entrevista antes de la final. La Orejona sólo puede tener un dueño, pero el verdadero éxito no se mide en títulos ni números, sino que en el respeto y reconocimiento que tienen terceros por tu filosofía de trabajo y vida. En ese sentido, tanto Heynckes como Klopp salen victoriosos de Wembley.

10. El Bayern tomó la ventaja al ’60. Igual que el Chelsea. El Dortmund empató, de penal, al ’68. Igual que el Benfica. Y, sobre la hora, los bávaros anotaron el gol que les otorgó el título. Igual que el Chelsea. Existen tantas similitudes entre la final de la Champions y la Europa League aunque la más grande dista de ser numerica. Tanto en Wembley como en Amsterdam, hubo jugadores que nos recordaron que tan irrelevante es la estadística en el fútbol, y que tan absurdos nos vemos usándola para criticarlos. Robben y Torres poseen carácter, algo vital para sobreponerse a una caída o salir triunfante en momentos cruciales.

EXTRA. Y por más que evitemos el protagonismo mediático que Barcelona y Real Madrid generan, siempre habrá algo que los termine ligando. En Praga, José Mourinho y Pep Guardiola volverán a verse las caras, sólo que esta vez con uniformes diferentes.

Dato de Míster Chip en el punto 10.