Se viene un partido mediáticamente llamativo pero con poca atracción en cuanto a futbol se refiere. Domingo, día familiar por excelencia, confronta a dos latitudes opuestas en valores, esencia, ideología y dirección, pero similares en ejecución del producto que se pretende vender.

Futbolísticamente, la pobre campaña de unos y otros es fiel reflejo del escaso interés que han desempeñado los dueños a la hora de diseñar el modelo a seguir durante una temporada. Por un lado, América trató de olvidarse del papel poniendo a un señor que aparenta saber manejar los hilos institucionalmente. Don Manolo podrá saber de futbol, pero cuesta creer que ese estilo (puntista, resultadista) es el venerado por su congregación.

Por otro lado, Chivas, no quiso entrar en el debate de por qué era necesaria la continuidad de Real como director técnico. Pudo más el buen manejo de vestidor que había (sí, porque ya perdió) demostrado que la esencia de juego demostrativo, ese que supuestamente pregona desear e impulsar Jorge Vergara. Don José Luis no es menos puntista y resultadista que su próximo rival.

Así que, amparados en un inepto y disfuncional llamado a la población activa de ambos colores, televisoras y cabezales de los clubes enemigos implicados, redoblan esfuerzos apelando la interrogante emotiva que, auguran, se destapará el próximo domingo.

Este belga fundador desearía afirmar sin restricciones subconcientes la próxima victoria tapatía. Desearía afirmar la exposición al espectáculo paralizante derivada de la confroncación de archirrivales. Desearía asegurar la nula apatía y la ofensa por sobre todas las cosas. Desearía por lo menos tener un poco de ánimo a prender el televisor o la radio o el ciberespacio o acudir y presenciar de primera mano a los protagonistas del Clásico Nacional.

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Pero no hay argumentos. El parloteo trillado de “cuando están peor es cuando mejor juegan esos partidos”, “no importa quién vaya mejor, siempre el otro aprieta”, “se darán con todo” resulta insulso. ¿Qué hacer? ¿Con quién acudir? ¿En quién confiar?

Serán los años quienes desgastan el paladar o la mala interpretación que tienen ambas instituciones de un partido de estas carácteristicas… lo cierto es que el clásico pinta para una tarde de medio pelo.