Martin Palermo
Eran los inicios de Bielsa en la selección argentina. El Loco quería darle un nuevo rostro a la Albiceleste, un futbol distinto al que le heredó Daniel Passarella. La Copa América en Paraguay era un buen laboratorio para probar jugadores. Uno de ellos fue Martín Palermo.

Argentina debutó con un triunfo ante Ecuador por tres a uno. Palermo había sido la figura al anotar dos goles y de inmediato las miradas se enfocaron hacia él. Pero vendría el partido ante Colombia, donde daría de qué hablar y no precisamente por goles.

El 4 de julio de 1999, en el estadio Feliciano Cáceres, Palermo inscribió con letras de oro su nombre en los anales de las hazañas futbolísticas poco presumibles. Marcó con yerro* candente un episodio que lo perseguiría hasta su retiro.

En sus botines tuvo la oportunidad de anotar en tres ocasiones mediante la vía del penalti, mismas ocasiones que falló. El hombre que había sorprendido en el juego anterior pasó a convertirse en un ente extraño sin origen. “¿De dónde salió este tipo?”, nos preguntábamos muchos aficionados al presenciar su proeza: errar tres penales en un partido. Sin embargo, destino ingrato, eso lo catapultó a la fama.

Y no los falló de la misma forma. Hasta eso tuvo la dicha de dar clase sobre cómo errar un penalti. Recurrió a las tres suertes lógicas: estrellar en el poste, volar el balón y permitir la atajada del portero. Al final, Argentina perdió tres a cero ante Colombia. Acabado el juego, Bielsa hacía honor a su mote, los argentinos no sabían si abrazar o reprochar a su compañero y los colombianos festejaban con incredulidad sobre lo ocurrido, no tanto por el hecho de haberle ganado a Argentina, sino por Palermo y sus tres penales.

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Pero tres días después, Palermo volvería a ser noticia. Marcó gol a Uruguay y jugó con toda la cara hinchada debido a un golpe recibido. Nadie vaticinaba que a la postre, Palermo se convertiría en un ídolo de Boca.

*Yerro. Metáfora de los tres penales fallados.

Los tres penales fallados

Las reacciones ante lo increíble