Damas de altura: las futbolistas indígenas del Perú

Seguramente el seguidor avezado de fútbol las habrá visto en alguna simpática postal. Mujeres con claros rasgos indígenas, con faldas largas, sin zapatos de fútbol pateando balones sobre tierra.

Fueron las indígenas de Churubamba (4000 metros sobre el nivel del mar) quienes popularizaron la imagen, aunque luego el resto de Perú organizara juegos de estos (en incluso en Bolivia, con las mismas características). El fútbol terminó siendo un ritual de agradecimiento y hermanamiento con poblaciones indias.

Churubamba está a 100 kilometros del Cusco, gran atractivo turístico del Perú. Es un asentamiento que puede ser lo más civilizado de la zona, aún conservando claros rasgos coloniales. Es un punto de encuentro de varias aldeas que están separadas por kilómetros.
La historia de esta tradición que no es milenaria pero sí está rumbo a los cuarenta años data del Mundial de España 1982, año en que la fabulosa selección de Perú de Teófilo Cubillas enamoró a todo un país. Los habitantes de Churubamba escuchaban las noticias a través de sus radios, y algunos bajaban de la montaña para espiar los partidos en televisores de las ciudades vecinas. Al regresar a su comunidad, miraron con malicia la plaza de armas y colocaron allí arcos de madera con ayuda de sacerdotes de la iglesia de Andahuaylillas (población cercana), que vieron en el fútbol un remedio que podía reducir algunos problemas de las aldeas entre ellos el alcoholismo.

Según un reportaje de El País de España,durante los años noventa, Alberto Fujimori fue un presidente del Perú que, con la excusa de reducir las estadísticas de pobreza en las zonas rurales del país, auspició una campaña para esterilizar a las mujeres. La campaña llegó a Churubamba. Se dice que cuando una mujer llegaba al hospital de Andahuaylillas para curarse de un dolor de estómago, allí la atendían, pero además le ligaban las trompas, como si se tratara de perros.

La mujer indígena, tradicionalmente programada para recoger la siembra y criar hijos ya no tenía hijos que criar. Había tiempo libre. Los sacerdotes, para alejar los vicios, decidieron organizar partidos de fútbol para los hombres y voleibol para las mujeres. Y estas dijeron: “desde el 82 nosotras sabemos patear balones. Déjennos jugar”.

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Lo curioso es que los hombres se quedan a cuidar los niños, mientras las protagonistas juegan a meter goles. Esto tiene una explicación: cada quince días llega de Andahuaylillas a Churubamba la avena recolectada que se distribuye equitativamente entre las familias. Eso es un acto religioso, casi feriado. Y para celebrar la cosecha, mientras los fuertes hombres descargan los costales, las mujeres celebran jugando al fútbol.

Este espectáculo ha generado documentales en todo el mundo y es delicia para los fotógrafos de agencia. También ha servido para que mejoren sus condiciones de vida y reciban donaciones de comida e insumos. Una población a 4000 metros sobre el nivel del mar que se ha hecho notar por el fútbol.

Una vez, comentó Magalia Chillihuane, capitana del equipo Mirador de Churubamba que un filántropo les donó varias decenas de zapatillas de fútbol. “Lamentablemente esa dotación se perdió, no la pudimos usar. Nosotras, en la recolección, en los caminos de tierra, nuesta vida la hacemos descalzas o con chanclas (sandalias). Todas tenemos ampollas, heridas, pies anchos y no nos calzan esos zapatos. Además, creo que disfrutamos más jugando así, descalzas y en falda”.

Si ven los vídeos relacionados no son las mejores en cuanto a técnica y juego. Juegan para divertirse, honrar la buena cosecha. La voz se corrió y se han realizado torneos en Huancayo, Arequipa y otras localidades nacionales, todos con pollera (falda) y descalzas. Las de Churubamba no les interesa salir mucho de Andahuaylillas y se limitan a jugar en su zona, más allá de las invitaciones nacionales e incluso, a los juegos mundiales indígenas. Es algo lúdico y ceremonial.

Otras «cholitas» también juegan

En Bolivia, donde también a las indígenas son llamadas “cholitas” por su aspecto, han puesto en práctica esta modalidad. En La Paz, por ejemplo, luego del mercado de verduras, mientras los maridos recogen, se arman partidos con iguales elementos: pies descalzos, piso de tierra y la infaltable falda.

Son más organizadas y tienen liga amateur. “Sí, hemos visto a las de Churubamba y nos gustaría jugar torneos internacionales. Sería algo hermoso para nuestros pueblos latinos”, confesó Marta Machaca, una indígena aymara joven y entusiasta a un reportaje de Telesur.