Me llamo Gabriel, pero mi nombre se pronuncia Gábriel, así con el acento inglés. En realidad mi nombre completo es Peter Gabriel Muciño Fuentes, el nombre lo eligió mi abuelo a quien le gustaba mucho Peter Gabriel, el músico, y que ahora a mí también me agrada. Mi abuelo le quiso poner ese nombre a mi papá pero mi abuela se lo prohibió, entonces cuando yo nací mi papá le cumplió el gusto.

Desde pequeño la música fue parte de mi vida, mi abuelo tocaba la guitarra y mi papá lo acompañaba con la flauta. Los sábados eran de música todo el día, bueno, cuando mi abuelo y mi papá descansaban que normalmente era un sábado cada 15 días. Los domingos dejaban el rock de lado para jugar al futbol, la otra pasión en la casa. Nosotros somos de una colonia humilde, la Independencia en Guadalajara, pero donde todos nos cuidamos mucho.

Mi abuelo dice que llevaba a mi papá a muchos conciertos cuando mi papá era más joven. Mi abuelo siempre trabajó como seguridad en diversos conciertos, pero los que más le gustaban y a los que llevaba a mi papá era a los de rock&roll. Por ello mi papá a los 17 años ya había visto a grandes artistas y bandas extranjeras, también nacionales pero esas no le gustaban tanto, con excepción del TRI.

Cuando mi abuelo descansaba los domingos, dice que llevaba a mi papá al estadio Jalisco a ver a sus Chivas, pues dice mi abuelo que antes jugaban a las 12 del día y que hasta pasaban por TV Azteca. Yo no me imagino a las Chivas jugando a las 12 en domingo y por TV Azteca, ni siquiera me los imagino por televisión abierta, nunca he visto un partido de Chivas en  vivo por la televisión.

En una ocasión mi abuelo llevó a mi papá a un clásico tapatío entre Chivas y Atlas, a mi abuelo le tocó trabajar como seguridad y pudo pasar a mi papá gratis para ver el encuentro. Mi papá cuenta que unos señores se pelearon en las gradas cerca de donde él estaba y que asustó mucho, mi abuelo lo vigilaba a la distancia y cuando vio la pelea fue rápido para llevarse a mi papá pero en el camino pensaron que iba a detener la golpiza y un señor le pegó a mi abuelo, que rápido cayó sobre las gradas y fue pateado por otros señores que estaban tomando, mi papá rompió en llanto.

Mi abuelo fue a dar al hospital porque quedó tan golpeado que perdió el conocimiento, le fracturaron una pierna y desde entonces camina mal. Estuvo un par de días en el hospital y luego le dieron 15 días de incapacidad, usaba muletas y una venda en la cabeza que le cubría un ojo que casi pierde. Desde entonces mi papá no quiso ir más al estadio, pero a veces lo mandan del trabajo y no puede decir que no, aunque se pone muy nervioso.

Lee también   SAN 2-3 AME | Ganó con par de Reynas

Mi papá me ha dicho que a veces las barras de los equipos no se quieren ir del estadio porque están tomando y es como una fiesta, entonces sus compañeros los sacan a empujones, golpes, patadas y gritos, pero él no se acerca porque se pone muy nervioso. Mi papá procura ir siempre hasta atrás para checar que no quede nadie, pero sobre todo para no participar en una pelea. A veces creo que lo de mi abuelo lo traumó de por vida.

El sábado estuvimos escuchando “in your eyes”, “Sledgehammer”, “Don’t give up”, entre otras canciones de mi tocayo. Estuvimos muy felices y mi papá me prometió que al otro día iríamos al parque con las bicis y que también jugaríamos futbol, pero no lo cumplió, ni siquiera llegó a la casa y eso me puso muy triste porque el domingo me desperté temprano y mi mamá iba de un lado para otro y no me respondía cuando le preguntaba por mi papá, incluso me regañó y me dijo que ya me callara, que me estuviera quieto y que no iríamos al parque.

Me fui a mi cuarto y me puse a llorar, luego el abuelo me dijo que me calmara que mi papá estaba enfermo y que no podría llevarme al parque pero que cuando estuviera bien iríamos todos juntos. Salí de mi cuarto, fui a la cocina y vi una camiseta blanca con sangre, me asusté y pregunté qué pasaba pero nadie me decía algo. Mi primo me contó que mi papá había sido golpeado en el Jalisco por los de Chivas, que lo habían llevado en la madrugada a la cruz roja y que estaba mal. No supe más porque en ese momento mi mamá me dijo que me quedara con mi tía y con mis primos porque iban a llevar a mi papá al hospital…

Lo que usted acaba de leer no es real –del todo-, es un pequeño cuento con cierto grado de verosimilitud que se me acaba de ocurrir a raíz de lo sucedió en el estadio Jalisco. La violencia no es buena en ningún sentido, ni de barras a policías ni viceversa, ni en el futbol, ni en la sociedad en general. Detrás de un policía está su familia, de igual forma sucede con un barra a quien le pudo suceder lo mismo que a los policías heridos en el estadio. El texto es una invitación a la reflexión, pero sobre todo a ponernos en los zapatos de “el otro”.