Apareció como por arte de magia y lo hizo a lo grande. Un jugador que lo han desahuciado futbolísticamente en más de dos ocasiones y que en efecto, está lejísimos de ser aquel emperador del gol que tuvo muy buenos años en el Inter y hasta con la selección de Brasil.

Sin embargo, Adriano Leite tuvo un momento más de gloria, de esos que los hinchas del Corinthians nunca olvidarán, y los que alguna vez admiramos la potencia y determinación del delantero amazónico, tampoco.

Y es que después de un año y medio sin marcar, con un estado físico que no es el mejor y hasta con marcado sobrepeso, Adriano dejó el domingo pasado testimonio de su olvidada pero particular efectividad al marcar de manera agónica, a dos minutos del final, el gol del triunfo sobre el Atlético Mineiro, gol que deja al Timao dos puntos arriba del Vasco con dos partidos por disputar.

Decir que está de vuelta suena quizás muy aventurado, pero quién sabe lo que un gol puede significar en un delantero que quizás lo único que necesitaba era eso, marcar nuevamente.

Desde antes de Sudáfrica 2010 su vida ha sido un verdadero drama. Para empezar se quedó sin mundial, luego se fue a la Roma donde fue un verdadero fracaso, casi lo corren de la ciudad, regresó a Brasil, se lesionó y estuvo sin actividad muchos meses. Cuando regresó a las canchas se la vivió de fiesta en fiesta y la banca ha sido su lugar favorito.

El domingo entró al campo de juego y tuvo un deja vu. Adriano corrió como nunca por ese balón filtrado, su enorme corpulencia lo hacía ver en cámara lenta pero sacó el genio y mandó el balón al fondo. La locura de los aficionados que vibraban con el tanto del Emperador, el último que ha tenido el futbol mundial, que por cierto hoy tiene a su equipo muy cerca de un título que en caso de obtenerlo, lo que es la vida, le deberán un cachito de gloria al gran Adriano.

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