Hay veces que el fútbol nos otorga historias para ser enmarcadas y colgadas en un museo del recuerdo. Andreas Engstrom, jugador del Ulvsby IF de la sexta división sueca, cumplió un sueño que tenía desde hace años, seis para ser exactos.

El futbolista amateur anotó un gol, de penal, en la paliza que su equipo le propinó a su rival por 6 a 1. ¿Qué tiene de especial dicha hazaña? A simple vista, nada. Sin embargo, el autor del gol no podría decir lo mismo ya que carece de esa capacidad básica. Así, como lo escuchan, Engstrom fue el encargado de canjear el penal por gol siendo ciego en un 99%.

Hace seis años, Engstrom trabajaba como inspector de boletos en trenes, hasta que un día comenzó a percatarse que sus ojos no funcionaba como antes. La gravedad del asunto fue aumentado con los días y, a la larga, Engstrom terminó con el 1% de vista producto de síntomas que inició con no poder ver los boletos claramente. Unas cuantas visitas al hospital después, el doctor le diagnosticó el «Mal de Leber», una enfermedad en los ojos que no tiene cura, por ahora.

«Me encontraba trabajando como inspector de boletos en un tren cuando me comencé a dar cuenta que mi vista estaba comenzando a empeorar y que interfería con mi trabajo. Después de varias visitas al hospital, me habían dicho que podría tener una extraña infeccción en el ojo. Mi Papá vino y ahí fue cuando me dijeron que en una enfermedad incurable», señaló Engstrm para el periódico sueco NWT.

A pesar de la pésima noticia, Engstrom no se achicó y optó por seguir trabajando para el equipo en otros roles: Estadísticas en el sitio, secretario, editor web y mascota no oficial. Sus compañeros de equipo le reconocieron el esfuerzo y la dedicación a Engstrom y decidieron recompensarle por su fidelidad y perseverancia. ¿Cómo? Simple. Si el Ulvsby conseguía un penal a favor, Engstrom sería el encargado de cobrarlo, incluso si este se encontraba en la banca.

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Seis años más tarde, este fin de semana que pasó, llegó el momento tan deseado.

«Como siempre estabamos complicados con nuestros jugadores, así que me puse de suplente y los chicos me prometieron que si tenían un penal a favor, yo lo patearía. En plena segunda mitad, uno de los jugadores se me acercó y me dijo que había penal… ‘Consíguete una camiseta y patéalo’, me dijo».

«Me puse sumamente nervioso. Uno de mis compañeros acomodó la pelota en el manchón penal por lo que me acerqué y reacomodé el balón. Podía ver, aunque fuese lo mínimo, un poco de los postes, así que apunté al derecho. La sensación final fue que había fallado pero luego escuché a los míos celebrar.

Terminado el encuentro, Engstrom le anunció la gran noticia a su Padre, quien no pudo contener la emoción.

«En la tarde obtuve el video del penal y se lo mostré. Comenzó a llorar. Tanto él como mi madre sabían qué tanto quería jugar fútbol de manera ‘real’. Fue algo muy emotivo».