Si hoy preguntásemos quién es mejor delantero entre Fernando Torres y Robert Lewandowski, ¿a quién escogería?

El argumento más obvio señalaría al polaco, y no habría mucho más que explicar. Ahora bien, si la pregunta más bien fuera ¿quién ha sido mejor? La cosa se complica un poco.

Fernando El Niño Torres quizás ha ganado más de lo que Lewandowski aspire a ganar en toda su carrera, en todos los aspectos. Ojo, no olvidamos que el pecoso consentido del Atlético de Madrid tuvo la suerte de coincidir con la mejor generación de futbolistas que parió España, y que en algún momento formó, y con protagonismo, parte de ella. Un gol suyo, contra Alemania en 2008, le guarda un lugar sagrado en las memorias del fútbol español.

La de Fernando es la historia de un niño que proyectaba convertirse en un delantero extraordinario. Su infancia, que podríamos describir como su primera etapa en el equipo colchonero, fue gloriosa. Con talento y goles se ganó a toda la afición del Vicente Calderón.

Su adolescencia la vivió en Inglaterra, en Liverpool, donde proyectaba convertirse en un adulto ejemplar. Allí demostró contundencia goleadora, velocidad, habilidad, regates y jugadas propias de un crack mundial. 81 goles en 142 partidos eran su respaldo.

La gente esperaba, y con ansias, su adultez.

La madurez llegó justo cuando el Chelsea pagó 58 millones de euros, solo que las cosas no salieron como los aficionados lo esperaban, y menos como de seguro lo pensaba el propio Fernando Torres. En Londres dejó un  promedio goleador de 0,26 en 172 encuentros. Y eso que allí ganó una Champions y una Europa League.

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Con el Milán le fue peor. Y así, como el adulto que busca reencontrarse a sí mismo en el lugar donde vivió su niñez, regresó a su hogar a los 30 años , donde siempre será amado. Anote o no.

El 7 de febrero de 2016 , el Niño de 31 años se llevó varios titulares de la prensa deportiva del mundo al anotar su gol 100 con el Atlético de Madrid. Se posicionó bien y solo tuvo que empujar el balón. La noticia es más trascendental por lo simbólico que por cualquier otra cosa. Poco es su aporte en este aguerrido equipo dirigido por el Cholo Simeone.

Son pocas las medallas que le faltan en su carrera profesional al delantero de 1,86 metros de estatura.

Su apodo fue su perdición. Siempre será El Niño. Este sustantivo lo condenó en su adultez, su infancia siempre será lo mejor de su ganadora carrera.