Fotos: Refugio Ruiz | Mexsport

Desde hace un tiempo que Marco Fabián viene anunciando un nivel superior al de sus compañeros, el tipo es constante, sonante, preciso y conciso. Ha llegado a un punto en su carrera tan maduro, pese a su edad, que puede decir sin problemas que carga con el equipo.

Así se desarrolló la noche en el Omnilife. Necaxa prácticamente guardado en su medio terreno, se dedicó a cortar el juego y rezar por que llegara una del cielo, pero nunca pasó. Brailovsky algo se ha de estar guardando, porque ya van varias semanas de su mandato hidrocálido y no termina de cuajar la idea, si es que la hay.

  • 1Guadalajara
  • Necaxa
Chivas: Michel; Enríquez, Magallón, Reynoso, Ponce; Medina, Araujo (Baez 46’), Fabián, Esparza; Sánchez (Bautista 54’), Arellano. DT José Luis Real


Necaxa: Pérez (Vázquez 46’); Saavedra, Rincón, Padilla (Cervantes 55’), Quatrocchi, Ledesma; Mosqueda, Everaldo, Luis Pérez (Gandín 69’); Viudez, Pavlovich. DT Daniel Alberto Brailovsky
Goles: 1-0 Fabián (68’)
Árbitro: Jaime Herrera
Incidencias: Jornada 12 del Apertura 2010, realizada en el Estadio Omnilife

Las Chivas fueron dueñas del partido sin hacerlo de manera superespectacular. Simplemente, tal y como está la situación, lograron ser más peligrosos cuando se lo propusieron aunque todavía con esa frágil contundencia. En gran medida a las apariciones constantes de Fabián que se intercalaba de banda con Medina a su antojo y filtraba, filtraba, filtraba a cada rato.

Hasta que en el segundo tiempo, ya con Iván Vázquez -que se mandó un partidazo- en lugar del Conejo en la portería necaxista, De la Mora encontró la manera de traducir sus ganas, intenciones y capacidades. Llegó corriendo hasta la línea final y empezó la gran jugada de la noche: alzó la vista y no encontró a nadie, entonces dispuso encarar y encaró; dispuso regatear y regateó; dispuso amagar y amagó; y al final ya cuando el Omnilife prácticamente delataba su orgasmo, dispuso anotar y anotó. Pero el festejo, como de futbol americano, acabo con la sonrisa y dejó un signo de interrogación monumental.

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No hubo mucho más. Como en la mayoría de cotejos de la alicaída liga mexicana -y específicamente en el Rebaño del Güero-, el ganador se fue a encerrar el resultado obtenido y a rezar -paradojas del destino, fue turno del Guadalajara- por el triunfo de esa mínima diferencia. Si acaso un par de descolgadas rojiblancas que, o terminaban en las manos de Iván el Terrible o en las imprecisiones fatales de Arellano.

Apareció entonces Luis Michel, ignorado durante las cámaras durante los minutos anteriores. Bien pudo sentarse en la base de su poste derecho, leerse un librito y emular la imagen del Tubo Gómez que se enmarcó en los anales del futbol mexicano. Pero no, el arquero chiva actual decidió pasar el rato concentrado y hablar, como es debido, en la cancha. Así tapó las esporádicas llegadas en el ocaso tanto de Gandín como de Pavlovich, Viudez y compañía.

El silbatazo final de Jaime Herrera, fue el primero de la liga en la cancha sintética de Zapopan que no estuvo ligado a chiflidos y abucheos, sino de un agradecimiento pasivo en general. Mientras las Chivas de Fabián escalaron hasta la onceava posición de la tabla y mantuvieron la velita de la calificación tenue pero encendida, los rayos del Ruso se atascaron en el penúltimo renglón de su grupo y en el décimo cuarto de la tabla general.