Imponga o no imponga ley en una cancha, el árbitro lleva las de perder. Lo de menos es que se critique su trabajo por algún error, es el pan de cada ocho días. Preocupante es cuando el silbante se convierte en víctima de agresiones al por mayor. Peor aún es cuando el propio colegiado permite ser insultado, gritoneado y hasta golpeado.

En el marco de la Copa Perú, durante el duelo Carlos Manucci-San Pedro, el árbitro fue encarado y agredido en reiteradas ocasiones, incluso hasta se guardó las tarjetas para evitar más contactos hacia su persona. Pese a ello, Gerson La Madrid, del equipo San Pedro, le propinó tremendo cachetadón, situación que ya no aguantó el colegiado y lo echó. Tuvo que registrarse el golpe para que el silbante impusiera autoridad en el campo.

Ustedes dicen. ¿Qué harían si estuvieran en los zapatos del árbitro?

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