Las grandes ciudades sufren un severo problema de contaminación. El Smog se apoderada del espacio aéreo producto de las múltiples fábricas y miles de autos que circulan día con día. Sin embargo, de vez en cuando llega la lluvia y termina limpiando todo ese aire sucio que nos atosiga. En el ambiente futbolístico, la lluvia también suele llegar esporádicamente, pero llega.

En una reflexiva entrevista, publicada por NosDigital, Jorge Valdano habló sobre los distintos aciertos y falencias que el fútbol ha ido presentando a lo largo de los últimos años.

LA REVOLUCIÓN DE GUARDIOLA.

«La táctica oculta la técnica. Y la táctica hace más importante al entrenador que al jugador. La otra causa es la desesperación por el resultado. Sólo ataca el que va perdiendo. La mayoría de los entrenadores ama más el resultado que el juego».

«Es por eso, que Pep Guardiola es el gran revolucionario de estos días, porque alcanzó el resultado desde el amor al estilo, al juego, al jugador».

«Al lado del Real Madrid y del Barcelona es muy difícil sobrevivir y el ‘Cholo’ (Simeone) está haciendo un gran trabajo. Ha construido un equipo competitivo con un fuerte contenido táctico y una alta emotividad. Tiene mérito».

MARCELO BIELSA.

«Es uno de los entrenadores más generosos que he conocido en mi vida (Bielsa). Cuando digo la palabra generoso, la digo con respecto al juego. Ataca con mucha gente, saca la pelota jugada desde el fondo, renuncia a la picardía por su obsesión ética y, cuando va ganando, sigue atacando como si se acabara el mundo».

«Con Marcelo se puede discutir por cuestiones de velocidad (de ritmo de juego), pero la intención es intachable. Si queremos volver a la grandeza (en las buenas y en las malas), miremos a Bielsa».

LA PÉRDIDA DEL AMOR POR LA PELOTA.

«Sin la pelota no hay grandeza. Perdimos el amor por la pelota».

«Según mi humilde opinión, lo que perdió Argentina (en los últimos tiempos) es el amor a la pelota. Las hinchadas parecen más seducidas por el coraje que por la habilidad, los pibes les piden a los Reyes Magos una camiseta de su equipo antes que una pelota y en el proceso de formación, el deseo de ganar se ha impuesto claramente al deseo de enseñar».

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«El imperio de la táctica y de la preparación física se ha impuesto al de la técnica y, como dijo Picasso y nos demostraron Maradona y Messi: ‘No hay genio sin técnica’. Si queremos a Maradona no es tanto por lo bien que jugaba al fútbol sino por lo bien que jugaba a la pelota. Perder ese capital sentimental (el amor a la pelota) es muy grave a mi parecer».

«Mientras países como España (más que ninguno), Alemania (con esfuerzo pero con la tenacidad con la que hacen sus cosas), México y hasta Italia han entendido que tienen que volver a la pelota (a la técnica) como base de la formación, nosotros nos estamos alejando. Lo cierto es que yo veo en España cosas que veía en Argentina hace treinta años, y veo en Argentina cosas que veía en España hace treinta años. No lo digo para elogiar a Argentina precisamente».

EL FÚTBOL EXTRAÑA AL «10».

«Arrigo Sacchi, que desde el Milan revolucionó el fútbol sin la pelota (mediante la presión), ya decía que «el media punta era medio jugador». Desde entonces todos se sintieron con autoridad para menospreciar al número 10. Murió desplazado por el doble 5. Se exilió en la delantera, en el extremo o en el banco de suplentes. En Italia ’90, Roberto Baggio miraba desde fuera la vulgaridad del juego de su equipo. Una auténtica aberración. Cuando a un equipo le sobra el mejor jugador, a ese entrenador le ocurre algo. Lo que le ocurre es que no le interesa el juego«.

«Los buenos jugadores son más resistentes que las malas hierbas. En el Madrid están Ozil, Kaka, Modric; en el Barça basta con nombrar a Iniesta; en Alemania ya empezaron a salir. Basta con devolverle la pelota a los jugadores para que la tendencia cambie. De todos modos cuando hablamos del 10, no nos imaginemos a un tipo que camina la cancha y la toca una vez cada diez minutos. El 10 tiene que demostrar su importancia mostrándose con el mismo fanatismo que tienen los que salen a no dejar jugar».