Lo táctico en el fútbol es necesario, sumamente necesario. Te hace competir, estar a la altura de las exigencias, básicas, pero exigencias al final del día. Sin orden, sin idea de juego, la organización de un grupo de jugadores sería nula y su capacidad de luchar en igualdad de condiciones, utópica.

Lo técnico entretiene o frustra. Da continuidad u obstruye. Es la carretera de lo táctico. Y si esta tiene hoyos o un pavimento muy deteriorado, el tránsito puede pasar a ser desde difícil hasta imposible. Si está en perfectas condiciones, hasta sobresaliente, puede ser un conductor de espectáculo puro. La única desventaja es que es un concepto individualista y, como sabemos, un jugador te puede ganar partidos más no campeonatos.

Y luego viene la cereza del pastel. Lo que muchos entrenadores, chapados a la antigua, menosprecian por no saber el impacto que puede llegar a tener en un grupo. La motivación. Lo emocional. Lo humano. Para conseguir resultados positivos en el fútbol usando el factor motivacional, es estrictamente necesario tener noción de los dos conceptos anteriores. Sin embargo, si se quiere llegar a marcar diferencia, construir un legado, entonces este último punto es vital. Sin él no hay premio. Es una simbiosis particular cuyo equilibrio se rompe de acuerdo a los objetivos. Si quieres competir, crea una máquina. Si quieres dejar huella, crea una familia.

Jürgen Klopp, entrenador del Borussia Dortmund, equipo que estará disputando este Sábado la final de la UEFA Champions League ante el Bayern München de Jupp Heynckes, ha aprendido, ejecutado y fomentado esta filosofía de trabajo. Al técnico alemán, de pasado como jugador entre pocos reflectores, no le interesa ver los títulos como una obsesión, más prefiere ser recordado por haber dejado una marca significativa, tanto en el fútbol, como en la sociedad.

«Por encima de los títulos, deseo que me recuerden como un entrenador que siempre trató de mantener la luz encendida. No sé qué se vive en el vestuario del United, pero escuchar ahora a los jugadores del Manchester hablar de Sir Alex es el mayor trofeo que se llevará. Todos en el Dortmund saben que Klopp exige, que pide y les transmite que el fútbol sin diversión no es nada. Eso sí, allí dentro (señala el estadio), el que manda soy yo. Todos los integrantes del Dortmund debemos entender que somos unos afortunados y si alguien no lo ve así es que no se entera de nada», señala Jürgen en una entrevista para el periódico deportivo español AS.

«Busco el sentido común. Piense que los jugadores son tratados como superestrellas. No sólo en Dortmund o en Alemania, en todo el mundo, por lo que en el vestuario se generan preguntas y tú debes saber encontrar las respuestas.»

Esta forma de pensar ha llevado a Jürgen Klopp a buscar, realizar y mejorar métodos de trabajo novedosos y extraños para el resto. Para él, los aspectos psicológico y emocional son los más importantes ya que sabe que en plenitud mental, el jugador es capaz de sacar lo mejor de sí mismo. Así lo refleja en un ejemplo con el Mainz 05:

«Estando en Mainz decidimos hacer parte de una pretemporada en unas islas de Suecia, de las que no recuerdo el nombre. Lo que nunca olvidarán mis jugadores es que tuvieron que hacer ejercicios de supervivencia para poder comer.»

«Llegamos al sitio y sólo teníamos las tiendas de campaña para dormir. El resto era buscarse la vida. Con las canoas y divididos por grupos, los primeros que llegaban a la isla siguiente debían encontrar la leña para encender el fuego, hervir el agua…»

«Debíamos pescar para poder comer. Todo el día llovía y cuando salía el sol, ¡zas!, los mosquitos entraban en acción. No entiendo cómo la gente puede vivir en esos sitios. Mi ayudante me decía si era idiota por pensar ese tipo de acciones, pero el grupo entendió la metáfora: si queríamos hacer una buena temporada con el Mainz en la Bundesliga nadie nos iba a regalar nada y tendríamos que encontrar soluciones a los problemas. Volvimos a casa creyéndonos Braveheart (‘Corazón Valiente’, la película).»

Al formar una familia, Klopp y sus muchachos saben que, aparte de un lazo deportivo fuerte, generan uno emocional. El entrenador teutón celebra el clímax de un jugador dentro y fuera del terreno de juego, así como lamenta su partida. Así lo refleja con el reciente traspaso de Mario Götze al Bayern München.

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«No creía que fuera a irse esta temporada. Fue un drama la manera de recibir la noticia. [Lo recuerdo] Como si me hubiesen pegado dos tiros al corazón. Fue una sensación muy confusa. Después de eliminar al Málaga, al cabo de un día, estando en el campo de entrenamiento, se me acercó Michael Zorc, nuestro director deportivo, con una cara algo extraña.»

«Me fui. No quería hablar con nadie. Esa noche tenía que acudir con mi esposa (la escritora Ulla Sandrock) a un estreno de cine. Lo cancelé todo.»

«Con el paso de los días me fui recuperando hasta que convoqué a siete jugadores en un día libre para explicárselo todo y acabé comprendiendo que Mario, lo que quería, era estar a las órdenes de Guardiola.»

Así mismo, Klopp comenta el episodio de la despedida con Shinji Kagawa, actual jugador del Manchester United.

«Triunfará seguro en el United, no tengo duda alguna. Este año fue de transición. Es uno de los mejores futbolistas del mundo. El día que me dijo que se iba nos abrazamos y estuvimos 20 minutos llorando. Fue un drama, la verdad.»

Si vemos el pasado y presente de Jürgen Klopp, entonces encontramos muchos indicios de causalidad, en lugar de casualidad. El estratega alemán, desde un inicio, puso siempre por encima los ideales que tenía en mente pese al trato de terceros.

«Interés de otros clubes, sí [hubo], bastantes. El Hamburgo, por ejemplo. Ficharon finalmente a Bruno Labbadia, aunque me llamaron por tener algunas dudas. Me dijeron que era el entrenador necesario, pero el director deportivo me miraba raro. Vio cómo vestía, con mis tejanos (jeans) y mi chaqueta (chamarra) de chandal, comprobó que fumaba y se declinó por Martin Jol. La colilla de ese cigarro debería estar en una vitrina: gracias a ella estoy ahora en Dortmund. Eso sí, también me llamó el Bayern. Fue Hoeness el que descolgó el teléfono para tantearme. Fue sincero y aseguró que había otro candidato. Era la época posterior a Ottmar Hitzfeld. Le recordé que yo era un técnico que estaba entonces en la segunda alemana, pero cierto es que para el Bayern eso no es un problema.»

Y cuando le preguntan sobre su futuro después de conseguir la atención de todos tras estas tres últimas campañas, de mucho éxito, Klopp se mantiene en su barco.

«Seguro que hay otros sitios más bonitos, con más glamour y sol, pero Dortmund y el Borussia tienen algo especial.»

Klopp finaliza la entrevista enalteciendo el fútbol que practican afuera de su círculo dortmunesco. Primero con Leo Messi y Cristiano Ronaldo, y luego con el Barcelona, equipo que usa de ejemplo en sus jugadores de una manera muy peculiar.

Sobre Messi y Ronaldo.

«[Messi] Es el jugador más increíble o soñado que he visto. ¿Usted vio lo que hizo contra el PSG? Él solo, medio cojo, salió y resolvió el pase a semifinales del Barcelona en la Champions. Su sola presencia cambia los partidos. Y lo peor de todo es que no puedes practicar nada para cerrarle; Leo siempre tiene una salida. Si piensas que se va por la izquierda, aparece por la derecha o al revés. Y si dudas, por el centro. Es mágico, algo único en el mundo. No hay táctica que lo pueda frenar.»

«Cristiano es tan rápido, tan fuerte, tan increíble, pero tiene un problema: Leo Messi. Me recuerda mucho a lo que le sucedió en su momento a Michael Stich, el tenista alemán. Estaba destinado a escribir una página de oro en su deporte, pero apareció Boris Becker y le marcó la carrera.»

Sobre el Barcelona.

«Ganó la Liga y se quedó a las puertas de la final de la Champions y de la Copa. El Barça ha tenido muchos problemas con las enfermedades de Tito Vilanova y la que ya padeció con Abidal. Se levantaron bien a la decisión de Guardiola de irse. Los pongo como ejemplo a mis jugadores en muchas cosas.»

«No digo nada en concreto, pero hago ver fotografías. Lo que quiero hace entender a mis futbolistas es que vean el hambre con la que los futbolistas del Barça siguen celebrando los goles que anotan, pese a haberlo ganado todo en los últimos años. Es ejemplar cómo tras sus sonados triunfos explotan de rabia cuando consiguen anotar. Eso es un ejemplo para todos los futbolistas, desde la élite hasta el de formación.»