I.- Viaje.

Que yo recuerde, mis trabajos comenzaron en el despacho del señor Valdeolivar, cuando José Mujica era presidente. Julio José Valdeolivar, jefe editorial de “San Balón”, se sentó en la única silla decente del lugar y nos miró de manera despectiva a todos, ni siquiera nos saludó antes de darnos de golpe lo que todos queríamos escuchar.

-Quiero para el lunes una nota sobre un futbolista nacional, la más original se gana la columna que dejó libre Tico – algunos de los presentes alzaron la mano para pedir más informes sobre el estilo que fueron respondidos con un simple “Haz lo que quieras”. Yo ya lo tenía bien claro y eso me daba una gran ventaja sobre mis competidores. La loca idea de buscar a la amante de Washington.

Me persigné frente a la imagen de la Santa Concepción de María, viajé a Minas y encendí mi grabadora, buscando a quien pudiera darme información.
Hablé con la vieja del barrio, Doña Josefina Clark, llevaba viviendo en ese pueblo más que el Uruguay Bicampeón del mundo y nadie jamás ha guisado mejor el pollo al spiedo. Me contó del día en que Washington conoció a su amante.

-Se conocieron un 23 de Mayo, recuerdo que los horneros cantaron esa mañana de diez a una. Ella iba vestida de celeste y de grana, a él siempre le encantaron esos colores – dijo doña Josefina –. Se marcharon a cumplir sus sueños juntos, fueron hasta la capital, y se hicieron famosos por allá.

>>Algunas veces regresan, ella más que él, es curioso, es como si ella jamás se hubiera ido de aquí. Es más perpetua que la María de la catedral – doña Josefina se rió por lo bajo, se persignó, dijo unas palabras apuradas de perdón al señor y se despidió de mí.

Llegué de nuevo a la capital por la mañana, después de un viaje ajetreado. Me dirigí a la casa de Victoriano Vázquez Vega, eterno hincha de La Violeta y coleccionista de canciones de arrabal. Su pasión desenfrenada por el futbol y sus personajes, su capacidad de adorar el futbol como ningún otro, eran lo que necesitaba para mi nota.

-Recuerdo esos años bastante bien, cuando lo vi en el estadio por primera vez comprendí que estaba frente a un hombre diferente. Su descaro, sus rulos largos y su andar pipón me impactaron de inmediato – Victoriano me narró con lujo de detalle las dos temporadas que mi protagonista estuvo en La Viola.

La historia continuó por alrededor de noventa minutos, más cinco de despedidas. Me contó un sin fin de relatos sobre mi protagonista, de cómo había tomado los jerseys de más de un puñado de equipos de México sin reparar en quien era el dueño, si eran líderes o sotaneros, él sólo quería seguir jugando futbol, le daba igual que fuera celeste, crema o de cuadros, si le gritaban gracias o le gritaban ratero.

Fue en ese país tan lejos de Latinoamérica pero lleno de ella, tan cerca de los gringos pero tan ajenos a ellos. Aquel país identificado sin identidad, donde se gestó la independencia de Latinoamérica y al mismo tiempo la dependencia de Norteamérica, ahí y no en ningún lado, era el punto geográfico perfecto para que el pibe de Minas se hiciera un ídolo auténtico. Para que su leyenda se encumbrara, para que él y su amante eterna se escondieran de los niños y la prensa de Uruguay, o de Argentina o de España, para poder amarla diario, para escapar con ella los fines de semana y comprarse algún helado, o anotar un gol y dedicárselo con la mirada. En México aprendió a vivir con su amante, incluso parece que se enorgullecía de tenerla como amante, como amiga.

Entonces comencé a preguntarme ¿Qué es Latinoamérica? ¿Qué es Football? ¿Qué es futbol? ¿Qué nos define? Un puñado de tierra, un par de grandes himnos, un caño, un pelotón de fusilamiento, abrazos sin brazos, un aleph y todos a casa.

Apurado por las labores funerarias de Beatriz Viterbo, llegué al único monumento histórico del futbol mundial (placa de cobre orgullosamente puesta en la entrada) apenas dos días antes de entregar mi nota. No era la catedral de Wembley, ni el siempre imponente Estadio Azteca, no era el Teatro de los Sueños. Era mucho más. Un lugar con la magia original del fútbol, con los primero llantos, con los primeros goles, con los primeros gritos, con los primeros campeones.

Tuve que estar ahí, tocar ese santuario del deporte para sentir el peso, la pasión, y comprender que la verdadera amante de Washington estaba cerca, más de lo que jamás creí posible. Corrí alrededor del estadio y la encontré, sentada, haciéndose rulos en su cabello crespo, me miró a los ojos y dijo con voz suave.

-Siempre supe que vendrías, aunque jamás esperé que tardaras tanto – sonrisa nerviosa de mi parte, y yo ya escuchaba la historia de mi ídolo de primerísima mano, de la voz de aquella que jamás lo abandonó, la voz de la Amante de Washington Sebastián Abreu Gallo retumbaba en mis oídos como si fuera parte de mí, tenía que llenar mi sed de locura.

II.- Ella.

-¿Escuchas mi voz en la oscuridad? – le pregunta su amante a Él, quien sólo cierra los ojos y se trata de relajar en la banca de un gran estadio de futbol, sede mundialista por primera vez. Abre los ojos y la trata de encontrar entre la multitud. No la ve de momento, aunque sabe que ahí está, esperando el momento justo para salir de su escondite y tomarlo de la mano, a la gloria o al llanto, pero siempre de la mano.

Lee también   Inglaterra le remontó a Croacia y se metió al Final Four

-¿Escuchas mi voz en la oscuridad? – Él camina por la lateral, hace ejercicios de calentamiento, sólo los hace para relajarse, quiere liberarse de tanta tensión acumulada en un partido que él no juega, pero sí su país. Mira al cielo y le implora a la Inmaculada Concepción de María que todo salga muy bien, tanto para él como para sus amigos de profesión. Recordó los momentos en su natal Minas, como corría tras una bola de gasa y la pateaba con furia para enclavarla en el corazón de la portería. Recordó sus primeros besos, su primera lesión, su campeonato en Almagro, su Campeonato con Nacional, ella siempre estuvo a su lado.

-¿Escuchas mi voz en la oscuridad? – Medio tiempo y el equipo perdiendo por un gol lleno de cosas raras. Él oye al maestro Tavares tratando de resolver con su varita mágica el planteamiento tan correosos de los Ghaneses, pero escucha a su amante, él quiere que ella lo salve.

-¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOL!– Diego acaba de hacer un golazo, y Washington celebra como un loco, el partido vuelve a comenzar y parece que se encausa por rumbos sudamericanos. Sebastián se abraza, grita, corea, celebra y regresa a la realidad, aún no se ha ganado nada, lo único es que se ha evitado, de momento, perder.

-¿Escuchas mi voz en la oscuridad? – El maestro Tavárez señala a Washington quien camina despacio hacia la línea, se saluda con Edinson, lo abraza y comienza a correr con ese andar desgarbado que lo caracteriza, pide la pelota, la toma, manda pase, la pide en el área, el defensa llega antes que él, trata de ganar un mano a mano, lo pierde, ve como se diluye el tiempo. Un centro viene franco hacia él, prepara la pierna derecha para fusilar al portero y cubrirse de gloria. Sólo alcanza a ver como la cabeza de Luis Suárez remata mal.

-¿Quién es tu amiguito? – la pregunta retumba en la cabeza de Washington y le arde, su amante parece fijarse por unos momentos en el chaparro dientes de conejo de Suárez, y eso enoja a nuestro héroe. Los celos y la ira lo llenan y trata de dar su mejor partido, le hacen penal y no lo marcan, trata de recuperar la paciencia, de tranquilizarse, piensa que lo mejor es que el equipo gane, sin importarle si el héroe se llama Sebastián, Diego, Luis o Fernando. Hasta que Suárez se pasa de la línea y con la mano decide hacerse el héroe, hizo la locura, y eso es sólo propiedad de Washington. Se toma la cara, pensando que la última locura de Uruguay la haría alguien que no comparte su sangre, nombre o apellido, pero lo que sí lo enciende es que su amante, parece olvidarse momentáneamente de él y poner los ojos sobre Luisito. La suerte no está del lado de África, Gyan falla el penal y Luis Suárez es nuevo héroe nacional, nuevo descarado y nuevo loco. Penales.

-¿Escuchas mi voz en la oscuridad? – Diego lo hace bien, Gyan fenomenal, Mauricio con temple, Stephen como lo marcan los cánones, Andrés con sobriedad… todo parece normal hasta que Fernando comienza a tapar penales, y Maxi a fallarlos, otra parada de rutina par el portero uruguayo y todo queda en los tacos de Washington, voltea a ver a su amante, más cerca que nunca. La recuerda en Minas, en Guadalajara, en Montevideo y en Brasil, siente como le toma la mano y lo encamina hasta el punto de penal. Fernando lo señala diciendo “Es tu momento, Loco ¡Carajo!” y Sebastián duda “¿Y si el portero sabe?”, entonces ella lo toma de la mano y le dice al oído.

-¿Cuándo te he fallado? Más vale loco que héroe – Entonces Washington sabe lo que hará, corre, no ve al portero, le pega con su zurda, se desprende un poco de polvo blanco del punto penal y la pelota hace una curva ligera hacia la portería libre, el balón entra, la tribuna grita, todo el mundo de pie, unos llorando y otros riendo, entonces, la Locura, amante de Abreu por excelencia recorre el estadio, y se apodera de todo Uruguay. Sebastián ya no tiene que buscar entre las sombras a su amada Locura, ella ya existe en él, y en cada hincha que deja en el fútbol y su belleza una parte de sí, por que se necesita estar loco para atreverse a vivir las sensaciones del futbol y que nuestras alegrías y tristezas dependan de un once contra once.

-¿Escuchas mi voz en la algarabía?

-La escucho siempre – dice Sebastián y dice todo aquel que alguna vez se atrevió a ser diferente, a escribir un libro, a tirar a lo Panenka, a hacer una bicicleta, a tirar un drop shot, a correr en la lluvia, a vivir un sueño, a vivir una vida fulgurante que nunca jamás pudiera repetirse.

III.- Locos.

Esa fue mi experiencia con la locura, la única eterna amante de cada genio del arte. Siempre estuvo un poco en mí, y cuando por fin lo noté, escribir era un trabajo sencillo.

Con respecto a si gané un lugar en “San Balón”… están leyendo mí escrito en la oscuridad, ¿Cierto?