jdsTenía 11 años cuando llegó a Barcelona al lado de su hermano mayor (11 meses mayor). Cursaba entonces 5to de primaria en Monterrey. Cambió de amigos, de comida, de país. Un país en el que a la gente le da por hablar una lengua distinta, donde se come distinto, con programas de tele distintos.

Dicen que la patria es la infancia. En Catalunya, Jonathan vivió la etapa más determinante de cualquier ser humano en lo que se refiere al moldeo de carácter y selección de amores, afinidades, amistades, costumbres. Tras vivir la segunda mitad de sus días allá, Jona es tan catalán como mexicano o brasileño.

Es verdad que en su decena de partidos con el primer equipo y la selección se ha limitado a cumplir. Sin transmitir frío ni calor. Pero así ha sido siempre: mientras su hermano Gio vive la vida loca (Perú 2005, salto al primer equipo, Tottenham, borracheras, Ipswich, Belinda, Galatasaray, Sudáfrica 2010); a él lo han llevado con calma… que para eso tiene 20 años.

Justino Compeán no tiene idea de futbol y es el primero en admitirlo. Por ello sus palabras sobre el hasta hoy discreto Jona carecen del mínimo valor. Si México tuviera mejores jugadores que él, estarían en el FC Barcelona. Así de sencillo. Si bien haber superado el filtro para ser uno de los 25 mejores futbolistas del mejor equipo del planeta no se traduce necesariamente en que seas un Xavi, un Iniesta o un Pedro en potencia; pues también podrías resultar un Víctor Sánchez, un Joan Verdú, o un Giovani cualquiera.

Rafa Márquez nunca se atrevió a decir que no, solo por el miedo al qué dirán. Y así le fue de verde. Jona sabe que si trasciende, más temprano que tarde será convocado. Vendrá cuando le dé la gana y no cuando le convenga a la Federación, y a sus partidos fantasma.

Creció en Barcelona, debutó en Barcelona, pasó por todas las categorías del Barcelona, come del Barcelona, le debe todo al Barcelona. El futbol mexicano no le ha dado nada a Jonathan Dos Santos. Jona tampoco está obligado a mover ni un dedo por éste.