Hace 44 años nació Zinedine Yazid Zidane, antes futbolista y hoy entrenador, pero siempre Mago y ganador de todo lo que se puede ganar. Así son las cosas, como decía un viejo periodista venezolano llamado Óscar Yanes.

Zidane es como Gandalf: magia y fantasía. Su apellido se asocia con pases llenos de clase, dribles exquisitos, controles imaginados solo en relatos fantásticos, goles épicos en momentos épicos, y el mejor cabezazo en la historia de este deporte (entiéndase el sarcasmo).

Hace 6 meses, Florentino Pérez le dio un regalo extraño: sin mucho éxito previo, le entregó el banquillo del equipo más mediático del mundo, cuyo uniforme blanco estaba gris luego de tantas caídas y una soberana paliza propinada por el Barcelona, cuando los dirigía un español llamado Rafael Benítez.

Solo alguien dotado en artes mágicas podía devolverle al Real Madrid su  color original: «limpio que no empaña», según su himno.

Con un cambio de mentalidad, y los mejores deseos de aquellos que disfrutamos de este fantástico deporte, el Mago Blanco puso a su equipo en la pelea por el campeonato local de nuevo; y conquistó, gracias a un sortilegio que estrelló el penal pateado por Juanfran en un poste, la ansiada Undécima, borrando de la memoria colectiva las actuaciones deshonrosas de apenas medio año antes.

Desde sus inicios, jugaba con la realidad:

Con la Juve predicaba fantasía:

El 15 de mayo de 2002,en Glasgow, mostró su mejor truco.

Contra Brasil, en 2006, enseñó que a la magia no le importa la edad, sino el conocimiento:

Y con 43, en 2016, mostró como en muy poco tiempo se le puede devolver a un equipo su color:

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Que sean muchos más.

zidane