Lujuria

1. Lujuria: No dudo que su corazón le pertenezca todito a Angélica Fuentes. Pero si de entrenadores se trata, Vergara es peor que Calígula: Daniel Guzmán, Eduardo de la Torre, Hans Westerhof, Benjamín Galindo, Javier Azkargorta, Chepo de la Torre, Westerhof (otra vez), Efraín Flores, Omar Arellano, Paco Ramírez y el que sigue. Los ha probado güeros, morenos, bigotudos, lampiños, jóvenes, viejos, mexicanos, extranjeros… ¡Y ninguno le parece!

gula

2. Gula: Prometió al mejor entrenador del mundo, romper con Televisa, limpiar el uniforme, comprar al Atlético de Madrid, hacer de Chivas el mejor equipo de México en 5 años… ¡y del mundo, en 10! Cuando por fin salió campeón, dijo que era el primero de cinco seguidos, como el Campeonísimo. El nuevo estadio iba a estar listo en 2005… Si Vergara fuera mudo, tal vez sería perfecto.

ira

3. Ira: Como Omar Bravo se fue gratis a Europa, Vergara torpedeó el fichaje del jugador con el Atlante. Encima, llamó hampón a José Antonio García. ¡El comal le dijo a la olla!


pereza

4. Pereza: Por su necedad e ignorancia al respaldar contra viento y marea a Sven Göran Eriksson, México casi se queda fuera del Mundial. ¿Por qué no apoyó así a los diez entrenadores que lleva en Chivas?

soberbia

5. Soberbia: Hizo oídos sordos ante los reclamos de la afición por los cambios que le hizo al escudo de Chivas, que hasta el día en que Vergara le metió sus manotas era estéticamente uno de los pocos escudos bien logrados entre los garabatos que abundan en nuestra liga. Si el mal gusto fuera pecado capital, ¡el dueño del Guadalajara sumaría ocho de ocho!

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avaricia

6. Avaricia: Desde que él llegó, Chivas va al Draft nomás de vacaciones. Rara es la vez que se rasca el bolsillo para traer a un jugador importante. La política de fuerzas básicas y todo eso está muy bien, pero ¡no hay que ser tan cuentachiles!

envidia

7. Envidia: Es rico y famoso. Chivas es su juguete favorito y lo zangolotea a su antojo. Sin embargo, su sueño frustrado siempre fue ser entrenador. Por eso le hizo la vida imposible a todos los arrendatarios de su banquillo, hasta que de plano puso a un títere como Paquito Ramírez, quien sólo destacó como asistente en la selección por la cachetada guajolotera que le propinó al norteamericano Hejduk en los vestidores de Columbus.

En sus siete pecados, hoy Vergara carga su penitencia.