Mentalmente fuerte

La vida aún no nos sorprende con una vaca a rayas o un perro maullando. Hay un código genético que hace a cada ser vivo sobre esta tierra sea poseedor de distintas habilidades y apariencias.

“Heredó el buen corazón de su madre”, “Tiene el mal genio de su padre”, algo que escuchamos con frecuencia en una platica familiar. La verdad es que los científicos de genética conductual no han logrado encontrar los elementos suficientes para afirmar que el carácter es un elemento hereditario, todo lo contrario.

La Agencia de Genética Humana desestima cada vez más la teoría de que el carácter es algo hereditario y que son millones de factores los encargados de forjar nuestra forma de ser.

La cultura, educación y el entorno del día a día de un ser humano establecen aspiraciones y metas en cada persona. Los padres se esfuerzan por inculcar valores y comportamientos virtuosos en sus hijos, tratar de que cada quién explote su potencial al máximo. En el camino de conseguir los sueños, el ser humano se corrompe, cambia el rumbo y deja de lado sus habilidades para tratar de buscar lo que no es, bajo el cliché de “Quiero descubrir para que vine a esta vida”, aunque siempre ha tenido en sus narices para lo que es bueno y para lo que no.

En los orígenes del futbol, los jugadores eran elegidos por su habilidad y disposición a jugar a cambio de simplemente de competir, de un par de zapatos como recompensa y de la gloria de un campeonato. Mucho ha cambiado el deporte en las últimas dos o tres décadas.

Hoy se juega bajo el mejor contrato, el sponsor que más pague por la renta del pecho de un jugador y el futbol en la cancha es el tercer o cuarto elemento -si bien va- a revisar en un convenio.

Javier Hernández nunca fue un virtuoso con el balón, era el ‘niño bien’ del futbol mexicano, no tenía la clásica historia del niño que tuvo que trabajar de pequeño para ayudar a llevar comida a su mesa.

Procedente de una familia futbolera, fue cobijado y llevado con las manos (piernas) correctas para que le enseñaran a trabajar dentro de un campo de futbol y hasta fuera de el. Entonces Chicharito despegó y llegó al futbol europeo sin ser el futbolista más habilidoso y comenzó a vestir algunas de las mejores camisetas del futbol europeo.

Si algo se le admiraba a Hernández era su mentalidad, su formas sencilla de ser y lo disciplinado y buen tipo que demostraba ser dentro y fuera de la cancha. Sus padres estuvieron siempre cerca en sus primeros años en Europa, pero las cosas cambian y los seres humanos evolucionamos o involucionamos.

Hoy los éxitos obtenidos, porque ganar millones en tu trabajo es un éxito, ponen un enigma emocional delante de jugadores como Javier Hernández o Carlos Vela, por poner un par de ejemplos. Jugar al futbol profesional como un vil trabajo.

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“¿Sólo vine a esta tierra a jugar futbol?”, dice Chícharo que es algo que se ha cuestionado últimamente y que ha aprendido a enfrentar en ese ‘couching’ al que hoy día adora. “Quiero ver para que más soy bueno”. Javier tiene años  que se ve incomodo, perdido, enojado, y hasta cansado de su trabajo, jugar al futbol. Todo coincidió con el momento que decidió vivir solo, ventilar su vida privada, usar su twitter como desahogo emocional y pintarse los pelos.

Hernández ha dejado de ser profesional, ve el futbol como un sacrificio al que no está dispuesto a servir. A pesar de que es la carrera que le ha dado todo lo que posee.

Hoy luce pasado de peso, se entintó de anaranjado fuego los pelos de la coronilla, es videoblogero y padre de familia. No sabe, ni se ve que le interese demasiado dónde va a jugar las siguientes temporadas. El futbol no es su prioridad. Y está bien, cada quién decide qué hacer con su vida, dicho por el mismo.

Pero es como si tú, amigo contador, arquitecto, abogado -tomando en cuenta que es la carrera que elegiste por gusto-, tú que tienes tal vez solo 8 o 10 días de ‘vacaciones’ al año, que te levantas a las 6 am para ir a tu lugar de trabajo y vuelves cuando el sol ya se metió, ¿Entiendes y compartes las negativas de Vela, Hernández, ‘Tecate’ Corona y demás para no asistir a su trabajo? No es cuando tienes un crío, en el caso de Chícharo, que decides trabajar más fuerte que nunca.

El futbol es hoy día un trampolín para llenarse los bolsillos de dinero, comprar autos de lujo, casas y tener vacaciones VIP. Jugar dentro de la cancha es opcional. Entrenar dos horas al día y presentarse a los partidos a ‘cumplir’ ocupando una banco, es el trabajo de Javier Hernández desde hace un rato.

Él se ‘autoalaba’, él dice estar fuerte mentalmente desde hace ya un rato, él repite y repite a gritos que está bien y que no necesita nada en esta vida. Presume de tener un ‘couch’ que lo psicoanaliza y le apoya con esta transfiguración mental de que le valga un sorbete todo.

Mientras tanto -dispensando la comparación- verdaderas estrellas como Cristiano Ronaldo presumen su edad con un físico que corresponde a alguien diez años menor, cumplen con su selección, afrontan retos a pesar de haber ganado ya casi todo y se muestran hambrientos de más.

Lo bueno Javier es que eres mentalmente fuerte, porque lo que es en la cancha poco y nada desde hace rato. Es muy pronto para pensar que es el final de tu carrera, pero así parece. La MLS te espera pronto con los brazos abiertos y trabajes menos (pobrecito).