Considerado como uno de los Mundiales más insípidos de la historia, Italia ’90 no fue del todo puro desencanto. Entre la apatía y mezquindad de algunos equipos hubo una selección que cautivó por su irreverencia en la cancha, Camerún. Los africanos se robaron los aplausos desde el partido inaugural cuando vencieron a la campeona Argentina con gol de François Omam-Biyik. Su futbol veloz, atrevido y desordenado los llevó hasta cuartos de final, instancia en que cayeron ante Inglaterra en tiempos extra. Uno de sus guías, la figura de aquella escuadra fue Roger Milla.

Siempre contento
Siempre contento
Además de sus goles en la Copa del Mundo, Milla asombró a muchos por un rasgo que no se le veía a otros jugadores en el certamen, la sonrisa. Saltaba feliz al terreno de juego y feliz se iba de él. ¿Cómo podía un hombre sonreír todo un partido? A más de 20 años, el camerunés todavía es cuestionado por ese detalle que parece no contar a la hora de jugar, pero que para Milla es fundamental y marca la pauta para definir a un futbolista.

«No se puede jugar con tensión. El que juega sin sonreír es porque ha tenido que forjarse como futbolista, porque ha tenido que trabajar mucho desde pequeño, sin un talento de nacimiento. Por eso gente como Messi, como Pelé, como Platini, son todo sonrisa. Para ellos el futbol es un juego, han nacido con ese talento. A mí, el Señor me dio un talento innato que no se puede enseñar. La táctica, el físico, sí. El talento no. Lo aproveché», señala en entrevista al diario español El País.

En este sentido, Milla considera que la alegría por jugar, el hecho de divertirse en el césped, ha venido a menos. La obsesión por ganar y el abuso en disciplinas tácticas se han ocupado en procurar más el despliegue físico (atletas) en lugar de permitir el desenvolvimiento del talento (futbolistas). Por otra parte considera que los jugadores africanos y latinoamericanos tienen mayores facilidades de acoplarse y triunfar en Europa que un propio europeo. En su concepción, el africano y el latinoamericano cuentan con la ventaja de haberse fogueado en todo tipo de superficies bajo el concepto de jugar por el mero gusto de hacerlo.

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«El futbol africano es futbol espectáculo. En Europa es otra cosa. En América Latina es como en África: el juego, el juego, el juego. Hoy eso se ha puesto difícil, porque todo el mundo quiere ganar, se utilizan todos los medios para eso. Pero a los africanos lo que nos gusta en el campo es divertirnos. Cuando uno comienza a jugar sobre tierra, y luego pasa al césped, se encuentra ante dos superficies totalmente diferentes. Hay que decirlo: la tierra es más difícil que la hierba. Cuando uno domina esa superficie, puede dominar cualquier otra, sin importar cuál sea», puntualiza.

Actual embajador de su país para causas sociales, Milla se dedica a ayudar a niños huérfanos y olvidados a su suerte, así como a ex jugadores que no encuentran empleo tras el retiro: «En cuanto dejas de jugar, dejan de saber quién eres». Preocupado por la infancia en el futbol, el camerunés lamenta el éxodo masivo de chicos y adolescentes que con engaños son supuestamente contratados por clubes extranjeros: «Acaban abandonados por aquellos que les han llevado hasta Europa… y acaban en la calle, con su familia sin saber nada de ellos».

En su trinchera, con lo que tiene, Milla se toma su tiempo para colaborar con niños que sueñan con ser futbolistas inculcándoles una regla básica que no se instruye en las escuelas: «aprender a sonreír».