El fútbol es más que un gol, una asistencia, y un partido de 90 minutos. El poder económico, y la influencia de los representantes han traspasado los límites. Antes, se les veía solo como el puente que unía los intereses de sus pupilos y lo que ofrecían los clubes. Hoy, la historia es distinta. Y no hay un mejor personaje para ejemplificarlo que Mino Raiola.

Agencia AFP / Mino Raiola en una entrevista radial

El empresario italo-neerlandés posee una cartera de jugadores de élite envidiable donde resaltan nombres como Zlatan Ibrahimovic, Paul Pogba, Marco Verrati, Gianluggi Donnarumma y – de quién especialmente hablaremos hoy -, Matthijs De Ligt.

Raiola es descortés, poco elegante, de gustos exóticos y lujosos, y es una especie del gurú del lenguaje. Les encanta. Habla 7 en total. Holandés, español, inglés, alemán, francés, italiano y portugués. Entendió que los idiomas serían la llave que le abriría la puerta al mundo de las transferencias y las comisiones exageradas.

Sus primeros pasos fueron por allá en 1993, cuando Robert Jansen le otorgó la oportunidad de ser su enviado a confirmar el traspaso de Dennis Bergkamp del Ajax al Inter de Milán. Tuvo éxito y desde allí fue parte importante en la empresa de Jansen, relación que se resquebrajó tres años después debido a la insolencia de Raiola.

Su sangre y apellido italiano, aunque suene como a un festival de clichés, tenía para su futuro una parte importante en el manejo del restaurante familiar. Opción que Mino rechazó. Tenía muy claro que su visión, si se desarrollaba correctamente lo elevaría al olimpo del fútbol mundial, y así ocurrió.

El problema es que a medida que ha ido tomando poder, sus formas se han agudizado, la fama que tiene es de un déspota que no se estremece ante la grandeza de los clubes más dominantes del fútbol actual. El costo de sus comisiones se desató furiosamente desde que el Manchester United le entregase 30 millones por el fichaje de Paul Pogba, y debido a eso, la FIFA comenzó a seguirle en sus patrones de movimientos económicos, lo que produjo resultados en este 2019, confirmando las irregularidades del representante, siendo castigado con una suspensión de tres meses sin transferir a ninguno de sus jugadores.

La última gran batalla de Mino Raiola ha sido contra el FC Barcelona. Una puja que parecía no tener mayor complejidad gracias al secreto a voces que se recorre por los portales de noticias de que la estrella juvenil del Ajax y uno de los centrales con más proyección del mundo, Matthijs De Ligt desea jugar en el club catalán. Raiola lo aceptó, aunque también le dijo: “Pero no a cualquier costo”.

Las exigencias del representante aumentan los números del mejor amigo de De Ligt, Frenkie De Jong, que ya es ficha del Barcelona, y además dentro del paquete de peticiones, se suma una comisión que ronda entre 10 y 14 millones de Euros, detalle que a la junta del FC Barcelona le ha parecido una broma, y un monto exagerado que no están dispuestos a pagar.

Mientras que el PSG y el Manchester United están detrás de la puerta viendo de reojo qué ocurre en esta transacción porque ellos sí están dispuestos a darle un salario escandaloso a la estrella de 20 años, y la comisión que exige el inquebrantable Mino Raiola.

Solo el tiempo dará el triunfador a esta guerra de intereses que lidera Mino Raiola. Porque en esto se ha convertido el fútbol, en una incesante batalla por alcanzar prestigio, un futuro asegurado y la mayor cantidad de dinero posible. Este portal se abrió y no hay nadie quién lo cierre. La única realidad latente es que el agente odiado sigue su camino, acrecentando el poder que emite su firma.

 

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