¿Alguna vez han leído una historia, un relato o un artículo en el que desearían hubiese un botón para memorizar cada párrafo y oración, y contársela a toda persona que se cruce en el futuro? Esta, sin duda alguna, es una de esas historias.

Grant Wahl es un reconocido periodista deportivo de los Estados Unidos (@GrantWahl) que escribe para el periódico Sports Illustrated. El día de ayer, Wahl publicó una historia real que le dio la vuelta al mundo inmediatamente. Esta involucra al entrenador del Real Madrid, José Mourinho, y a un limpiador de pisos en Los Ángeles, Abel Rodríguez.

Así que, vayan por una botana, un café o una copa de vino, y prepárense para leer una historia que reafirma la persecución de sueños que todo ser humano tiene.

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Abel Rodríguez es un mexicano-americano de 41 años que encera pisos en el Metro de Los Ángeles. José Mourinho, del Real Madrid, es uno de los entrenadores más famosos en el mundo. A simple vista, estos dos hombres no tienen nada en común. Sin embargo, hace poco se convirtieron en las figuras principales de una surrealista pero verdadera historia que llevó a Rodríguez a ser partícipe, como miembro del Real Madrid, de dos de los más importantes partidos de fútbol en el mundo: contra Barcelona y Manchester United.

¿Cómo terminó Rodríguez siendo el amuleto de buena suerte de Mourinho y conociendo a Sir Alex Ferguson, Cristiano Ronaldo, Diego Armando Maradona, Mesut Özil, Kaká y Javier Chicharito Hernández? En los últimos siete años, Rodríguez se ha tomado dos semanas de vacaciones cada verano para trabajar gratis persiguiendo balones y apoyando en lo que se necesite al plantel de Mourinho cuando este entrena en Los Ángeles cada pretemporada.

No es para nada un esfuerzo pequeño. Cada día durante sus vacaciones «no pagadas», Rodríguez sale de su casa en Fontana, California, a las 5 a.m., maneja hacia el complejo de entrenamiento de la UCLA y pasa el resto del día armando el campo de práctica y ayudando a Mourinho y su cuerpo técnico en lo que necesiten. Regresa a su casa a las 11 p.m., duerme un par de horas y luego empieza a las 5 a.m. nuevamente.

«He seguido el fútbol europeo desde que era un niño», comenta Rodríguez, quien se mudó a Los Ángeles desde México cuando tenía 8 años. Pero nunca ha viajado a Europa, y siempre había soñado con asistir a un Clásico entre el Real Madrid y Barcelona. Con la latente posibilidad de que Mourinho deje el Madrid al final de la temporada, Rodríguez decidió que el Clásico a realizarse el 2 de Marzo podría ser su última y mejor oportunidad de ver el espectáculo en vivo.

Pero habían dos barreras en su camino. Una, había estado ahorrando para unas vacaciones con su familia, incluyendo a su esposa, Olga, y sus hijas, Michelle (17), Eliana (13) y Paola (10). Y la segunda, no tenía ningún tipo de contacto o información con Mourinho o sus mejores tenientes.

«Realmente estaba muy indeciso de ir», comentó Rodríguez, «pero la motivación vino de mi esposa, quien me dijo, ‘Deberías ir. Siempre ha sido tu sueño’. Mi hija más grande también me dijo, ‘Tienes que ir'».

Y así lo hizo. En la mañana del 28 de Febrero, Rodríguez aterrizó en Madrid y se asomó, sin invitación o anuncio, en el complejo deportivo del Real Madrid en Valdebebas. No poseía un boleto para el juego. Ni siquiera tenía una reservación de hotel para dormir. Y cuando el guardia de seguridad se negó a dejarlo entrar, Rodríguez no tuvo otra que sentarse a un lado del camino. Había nevado la noche anterior, y las condiciones eran pesadas.

«Gracias a Dios que portaba el abrigo grande que mi esposa dijo que me llevara», dijo. «Mis dedos estaban congelados».

Aun así, Rodríguez no pudo entrar y se mantuvo sentado por las siguientes cinco horas.

«Fue un milagro que le haya visto», exclamó Mourinho. «Vi a Abel sentado en el camino afuera del campo de entrenamiento. Me estaba yendo en el auto de mi asistente Rui Faría, y siempre hay un montón de gente afuera. Pero le dije a Rui, ‘¡Detente! Es el tipo de Los Ángeles'».

«¡Amigo! ¿Que está haciendo por aquí?», preguntó Mourinho.

«Vine a visitarlos», respondió Rodríguez. «Es mi primera vez en Europa, y mi sueño ha sido venir y ver partidos. Esperaba ver el Clásico«.

«Pero ya no hay boletos», dijo Mourinho. «¿Dónde te estás quedando?»

«No he buscado nada», dijo Rodríguez. «Mi prioridad era verlos a ustedes y luego arreglar todo. Si no los conseguía ver, entonces iría al estado y trataría de conseguir boletos. Si eso no funcionaba tampoco, entonces volvería a casa».

Y en ese momento la magia ocurrió. Mourinho llamó a un asistente y arregló todo para que Rodríguez tuviese su propio cuarto en el hotel de lujo donde el Real Madrid se hospedaba antes de enfrentar al Barcelona. Mourinho le ordenó que descansara en el hotel y que lo buscara en el entrenamiento a la mañana siguiente. Esa tarde, una noche antes del Clásico, los dos personajes conversaron por 90 minutos antes de compartir la cena con el cuerpo técnico del Real Madrid.

Mientras Rodríguez les contaba la historia de como su familia lo motivó a hacer este viaje, Mourinho lo calló. El Real Madrid tenía que partir a Inglaterra para jugar el partido de octavos de final ante el Manchester United por la Champions League, un día después del encuentro ante el Barcelona. Rodríguez tenía pensado regresar a Los Ángeles pero Mourinho le cambió los planes.

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«Le dije, ‘De ninguna manera, te vienes a Manchester con nosotros y trabajarás como utilero'», comentó Mourinho. «‘Nos ayudarás y vivirás un sueño más grande, ¡un partido de la Champions League desde adentro!'».

Rodríguez dijo que le encantaría, pero que él pagaría todo.

Mourinho agitó la cabeza y sonrió. «Cuando estás conmigo en Europa, no pagas una mierda».

Rodríguez comenzó a llorar — lágrimas de felicidad. Se fue corriendo al cuarto del hotel y agarró su pasaporte. Mourinho tomó una foto del pasaporte con su celular y se la mandó a los organizadores del club para que pusieran a Rodríguez en la lista de viaje.

Nunca se sabe cuando el karma aparecerá y te recompensará por algo. Por siete veranos, Rodríguez trabajó gratis para el Real Madrid, incluso cuando el club estaba dispuesto a pagarle por su esfuerzo en Los Ángeles. Ahora estaba a punto de vivir la experiencia de su vida.

Los siguientes cuatro días fueron un torbellino. El 2 de Marzo, Rodríguez vio como el Real Madrid vencía al Barcelona 2-1 en el Santiago Bernabéu. El club le dio un buen asiento, y después de eso Rodríguez visitó el vestidor, donde se tomó fotos con Cristiano Ronaldo y Maradona, quien asistió al juego.

Luego vino el viaje a Manchester. Rodríguez fue como miembro del Real Madrid esta vez, trabajando como uno de los utileros del equipo y vistiendo uniforme completo de la institución. Ayudó acomodando las maletas para el vuelo hacia Inglaterra, y trabajó en la sesión de entrenamiento un día antes en el Etihad Stadium del Manchester City. Hasta ese punto, Mourinho y los jugadores del Real Madrid lo veían como un amuleto de la buena suerte, hasta el grado de sobarle la panza para obtener vibras positivas.

El 5 de Marzo en Old Trafford (El Teatro de los Sueños, jaja) Rodríguez cumplió uno sus sueños. Su familia y amigos lo vieron caminar en el campo al lado de Sir Alex Ferguson en un momento. Se puede observar, incluso, a Rodríguez en este video (al 0:31) pegado a la pared, a la izquierda de Cristiano Ronaldo.

Segundos antes de eso, la estrella del United Chicharito Hernández jaló a Rodríguez a un costado para decirle que le daría su camiseta al final del partido. (Sin saberlo Rodríguez y totalmente asombrado, Mourinho le había dicho a Hernández acerca de su amigo «mexicano» y le pidió si le podía hacer el favor)

«Estas personas me trataron como si fuera parte del equipo», dijo Rodríguez. «Esto es algo que le contaré a mis nietos».

El Real Madrid terminó avanzando, por supuesto, en un partido que será recordado por muchos por la polémica tarjeta roja que le dieron a Nani, del United, una acción que cambió el partido. Pero a pesar de que Ferguson estaba muy enojado e incluso rechazó hablar con la prensa, Rodríguez se percató de que aun estaba dispuesto a compartir un trago después del juego con Mourinho. Rodríguez comenta, «Salió del vestidor con una copa de vino en su mano, y me dijo, ‘Dile a José que el vino está listo, y dile que se apure'».

«Ustedes son unos verdaderos caballeros», le dijo Rodríguez a los dos técnicos, y Ferguson guiñó el ojo y hasta se tomó la molestia de firmarle un libro con fotos de los mejores jugadores y técnicos de Europa.

Hubo otros momentos memorables después del partido. Afuera del vestidor del United, Hernández cumplió su palabra y le dio su camiseta con una dedicatoria personal hacia Rodríguez.

«Lo primero que me dijo fue, ‘¿Cuánto tiempo llevas trabajando para el Real Madrid?'», dijo Rodríguez. «Yo dije, ‘La verdad es que no trabajo para ellos’. Le expliqué lo que había pasado, y me miró consternado al principio. Pero luego dijo, ‘¿Sabes qué? Es increíble'».

De vuelta en el vestidor del Madrid, Marcelo le pidió a Rodríguez si podía llevar su camiseta al vestidor del United e intercambiarla por la de Robin van Persie. Rodríguez lo hizo pero decidió jugarle una broma a Marcelo, escondiendo la camiseta de RVP en su espalda y diciéndole al brasileño: «Dijo que la cambiaría pero con alguien más, no contigo».

«¿De verdad?», respondió Marcelo.

«Estoy bromeando», replicó Rodríguez. «Aquí está».

Al final, Rodríguez se llevó consigo muchísimos recuerdos en su regreso a Los Ángeles. Llegó con regalos de muchas personas que conocieron su historia: camisetas de Chicharito, Özil, Kaká y Michael Essien, así como los zapatos de fútbol de Kaká e incluso una de las bolas del encuentro.

Pero los recuerdos van más allá todavía, comenta Rodríguez. En el vuelo de regreso a Madrid, Mourinho se iba moviendo entre los asientos, compartiendo copas de vino con los miembros de la delegación y, de vez en cuando, se detenía, señalaba a Abel y le guiñaba el ojo, a su amuleto de la buena suerte desde los Estados Unidos.

«Todos en el Real Madrid estaban felices», dijo Mourinho, «porque lo conocían desde la pretemporada y sabían que era un trabajador duro y una gran persona».

La noche en que el avión de Manchester aterrizó en Madrid, Rodríguez cuenta, que no tuvo la oportunidad de agradecerle a Mourinho. Como buen trabajador, terminó sus labores de utilero descargando las maletas del avión.

Rodríguez aun no tiene contacto con Mourinho. Así que esta historia es su forma de decirle «Gracias».

Aquí pueden ver el artículo original publicado en Sports Illustrated.