En pocas ocasiones la ‘chispa adecuada’ acompaña a personajes que transitan por la vida sin pena ni gloria. La noche de hoy en el Estadio Omnilife fue el marco perfecto para que Carlos Ochoa se vengara de un equipo donde terminó sus días con más deudas que alegrías. Si bien Jaguares aprovechó el final para amarrar el partido con un gol tras otro del propio Ochoa, pudo haber extendido su dominio en el marcador desde la primera mitad. Las butacas semi vacías entonaron en coro al principio el himno y al final de cada tiempo un estruendoso abucheo, pues no habría otra forma -ni otro juez- mejor para calificar el encuentro en su totalidad.

El Rebaño se entorpeció a sí mismo desde que salió del vestidor pues, parece, no hay forma de repararlo. Tan roto está que sus valuartes han olvidado de jugar al futbol, con sus excepciones (Michel, Fabián). Esas individualidades resultaron ser lo «más llamativo» del Guadalajara, aunque al momento de necesitar conjunción y volverse compactos -tanto al ataque como a la defensa- fueron superados ampliamente por los chipanecos. Lo de Michel, resultó ser descomunal, sensacional e impresionante.

  • Chivas
  • 3Jaguares

Chivas: Michel; Magallón, de Luna, Christian Pérez (Enríquez 65′), Ponce; Araujo, Báez, Fabián; Arellano (JE Sánchez 46′), Bautista (Vázquez 40′), Bravo. DT José Luis Real.


Jaguares: Villalpando; Razo, Serrano, Fuentes, Martínez, Cabrera; Valdez, Rodríguez (Serrano 69′), Hernández (Zamora 86′); Daniliho, Ochoa. DT Guadalupe Cruz.

Goles: 1-0 Ochoa (14′), 2-0 Ochoa (91′), 3-0 Ochoa (94′).

Incidencias: Jornada 8 Apertura 2010. Estadio Omnilife.

Y lo que son las cosas. Carlos Ochoa salió por la puerta de atrás por una supuesta ruptura en el delicado vestidor rojiblanco cuando lo corrieron de la institución por su pobre desempeño. La noche de hoy, el delantero entró con el punto de mira en cobrársela y lo logró con tres pepinos en los momentos más propicios. De lo mejor, junto al desequilibrante y compacto Danilinho, del cuadro visitante.

Sin embargo, con todo y la victoria, quien más sufrió al final fue el Profe Cruz desde el banquillo, justo cuando peor se mostraban sus pupilos y Villalpando sacaba las papas del fuego. A punto estuvo el Omnilife de corear el gol del empate y descargar la furia contenida, pero se guardaron unos minutos para explotar en contra del deplorable espectáculo anfitrión, en contra de sus jugadores, de su entrenador, de su directiva y, sobre todo, en contra de su ángel exterminador.