Lamentablemente cada vez cobra mayor fuerza en el futbol. No mide espacios, puede verse en las tribunas como en la cancha. Tampoco mide niveles, aparece en categorías profesionales como amateurs y semiprofesional. La violencia se apodera del balón y tal parece que las pasiones las hemos convertido en barbarie; una disputa de todos contra todos.

Los árbitros son un claro ejemplo. Protagonistas indispensables del juego antes eran centro de iras expresadas verbalmente. Ahora son víctimas de agresiones físicas que ponen en riesgo su integridad. Se nos olvida que a final de cuentas es un ser humano que forma parte de un simple juego.

Estas escenas son injustificables. Sucedió en Perú. Durante un partido regional en Cerro Pasco, aficionados del equipo perdedor desahogaron su frustración con el árbitro. El colegiado tuvo que ser trasladado de emergencia a un hospital, donde se reporta estable después de la golpiza.

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