Para que vean que no nada más en México se dan dirigentes poco comprometidos. En Argentina, específicamente en River, tienen a un presidente que no sabríamos si calificar de muy honesto o cínico. Tras la infame actuación ante Tigre, Passarella salió a curarse en salud y decir que su equipo no está para ser campeón.

La grandeza futbolística del Millo que alguna vez construyeron los Francescoli y los Ramón Díaz hoy está muy distante y hasta en el discurso parece ser un equipo muy lejano de su verdadera jerarquía. El River de hoy tiene que preocuparse por conservar la categoría y así lo dice el propio Káiser: «nosotros no tenemos que dejar de pensar que nuestro objetivo y nuestra misión es sacar a River de la situación que estaba, tanto sea a nivel institucional como en lo deportivo».

Cuestionado por los números rojos que ha arrojado su gestión al frente de River, Passarella señaló que él jamás prometió refuerzos de lujo como D´Alessandro, así como tampoco se comprometió a repatriar a Crespo. Además, y para salirse por la tangente, terminó por reconocer el verdadero destino del equipo: no ser campeón, pero a lo mucho sumar poco más de treinta puntos. Al buen entendedor, pocas palabras.

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