No sería difícil conseguir un adjetivo para calificar la temporada que tuvo el brasileño Coutinho con el Barcelona. Desastrosa, decepcionante, inexistente, lamentable. Estoy seguro que podrían ayudarme a estirar esta lista.

Coutinho gestualizando contra el Camp Nou

En el fútbol actual de élite, no hay espacios para el error. Y menos cuando tu ficha costó 140 millones de euros, más 20 en variables.

La adaptación del brasileño en el equipo culé nunca llegó. Valverde por más que lo hizo jugar, no pudo – como tampoco lo logró con Dembélé – conseguir su utilidad en el equipo. No es cuestión de más juegos en cancha, es cuestión de potenciar los talentos.

La presión de la prensa y el gesto de mandar a silenciar al Camp Nou, agudizó una guerra innecesaria entre el jugador y el público catalán. Que de por sí, ya sabemos que la intensidad es su marca registrada.

Todo ese compendio de situaciones negativas, llevó al jugador, a pesar de tener el apoyo de Messi, Suárez y Piqué, a informarle a la plana mayor del equipo, que desea marcharse.

Porque así es este deporte. La fortaleza mental es tan primordial como el talento puro. Nadie podrá dudar jamás del don que tiene Coutinho para jugar al fútbol, pero quedan tantas dudas sobre su carácter ante la tempestad.

Finalizó la temporada con 54 apariciones, 11 goles y 5 asistencias. La nada. Quizá, algo vio Klopp, quien no puso demasiada oposición a su salida del Liverpool, por allá en 2017.

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