Todo el mundo del futbol  se prepara para la cita de Milán y hasta los ateos más empedernidos verán de reojo qué ocurre en San Siro. La edición número dos del derbi madrileño en Europa llegó más rápido de lo que se esperaba con el Cholismo ya bien enraizado como la religión que tiene en el Manzanares su Jordán;  y con el equipo blanco, aquel que está condenado a la excelencia perpetua y con la maldición de fracasar aunque haya ganado, ya que siempre habrá detalles que percudan su uniforme.

Previo de la Final de la Champions League

PREVIO DE LA FINAL DE LA CHAMPIONS LEAGUE

La moneda está en el aire, no hay favoritos. Real Madrid sabe ganar finales y Atlético sabe morir por ellas. Dejemos que los que saben hagan los análisis y la táctica, a nosotros nos toca poner la pasión porque en pocas ocasiones se enfrentan dos veces a muerte hermanos de sangre  destinados al desprecio mutuo, y condenados a vivir en la capital de Castilla para siempre.

La guerra de declaraciones comenzó y las calles de la capital española están inundadas de tertulias a sazón de tapas y vino. Los Indios saben de sus fortalezas y con esa misma tozudez saben que la debilidad de los apóstoles de Diego Pablo es que siempre juegan al filo de todo. Al filo del reglamento, al filo del tiempo reglamentario, al filo de la pasión y precisamente estuvieron al filo de alcanzar el Olimpo en Lisboa hace dos años. En otra parte de la ciudad el equipo que es achacado por sus más acérrimos detractores de tener como mejor jugador de su historia al Gobierno mismo, los orgullosos Vikingos edición Zinedine son tan impredecibles como efectivos y tan potentes como el humor de Cristiano Ronaldo el día del partido y si éste deciede ser parte de la clase media en la ciudad de la moda. El Real Madrid, desde que alguien implantó la regla de contratar y arrebatar a los jugadores más limpios, dignos de usar la pureza de su uniforme pasando por Di Stefano hasta Beckham se ha vuelto detestable para todo el universo que no siente los colores de los de Chamartín. Condenado a ganar siempre, y con la vocación de despedir a sus forjadores por la puerta de atrás (Di Stéfano, Hierro, Raúl, Del Bosque, Casillas) y siendo altivo y presuntuoso, siempre será el rival a vencer para todos.

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Zidane quien era un bailarín de ballet que emocionaba hasta a sus rivales cuando se calzaba sus botines y Simeone que era un gaucho que lideraba a su equipo desde la pampa del medio campo demostrando un garbo envidiable ahora tienen que formar la estrategia que usarán para que uno de los dos muerda el polvo. Correrán ríos de tinta, se leerán miles de caracteres analizando hombre por hombre y posición por posición, Navas, Oblak , Bale, Godín, Marcelo, Saúl, Ramos, Griezmann y un séquito de guerreros serán analizados con detenimiento hasta el cansancio, pero el francés y el argentino ya saben cómo van a tratar de nulificarse. Si «Cerresiete» sale al campo como en Lisboa o como en Roma no hay nada de qué preocuparse, solo con no perderlo de vista será suficiente, pero si sale inspirado los rojiblancos decidirán quién lo cose a patadas, siempre al filo del reglamento. La táctica ya está sobre la mesa, las tertulias seguirán por días y la guerra civil castellana que ahora mismo inunda al Viejo Continente puede ser el hundimiento de la armada blanca que está destinada a perder aunque gane u otro Waterloo para los de Neptuno que aunque pierdan van a soportar con el pecho en alto todo lo que venga, y aunque ganen serán la parte de Madrid que engrasa sus armas con total alegría antes de cada batalla dentro del campo sin ser para nada elegantes o luminosos como su rival.