¿Quién es el despreciable periodista racista que se metió con Ansu Fati?

 

Salvador Sostres es un periodista que nunca terminó su carrera universitaria y que hace de la polémica, del insulto y la vejación una forma de vivir. Se hizo famoso en el planeta fútbol por unas racistas líneas sobre Ansu Fati, comparándolo con los vendedores ambulantes, generalmente inmigrantes ilegales, que pululan en las calles de Barcelona, luego de que el jovencito fuera el más destacado del partido de Champions de la semana pasad.

Xenófobo y clasista. Racista, misógino y con coqueteos a la pedofilia. Todo un personaje funesto que pocos saben cómo sobrevive y tiene tribuna en los sistemas de medios de España. ¿Es la voz de lo que muchos callan? ¿Quizás ese sea el “gancho” para mantenerlo como opinador de oficio?

Nació el 10 de junio de 1975 en Barcelona. Aunque trabaja habitualmente como periodista, no ha logrado terminar dichos estudios.1 Estuvo un curso escolar matriculado en la Facultad de Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona y nunca culminó su carrera.

Sostres, empezó a colaborar con medios pequeños de Cataluña como Avuí. Su sátira ácida y en especial, su apoyo al proceso de separación catalán le hizo abrirse espacios.

Llegó a ser columnista de El Mundo, por cinco años. Llegar a un periódico grande le hizo perder sus perspectivas (o mostrar su verdadero rostro). Ahí, sucedieron inaceptables textos de discriminación. Por ejemplo, uno muy lamentable en el terremoto de Haití:
El mundo menstrua, como así tiene que ser. No me alegro, de la tragedia de Haití, pero estas cosas pasan y equilibran el planeta. La mayor parte de los que pueden estar en desacuerdo con este tipo de comentarios son pobres muertos de hambre que suerte tienen que éstos que están más muertos de hambre que ellos, de vez en cuando, un mal viento se los lleva».

Muchos movimientos feministas no se explicaban que se publicaran textos como este: «Pero cuando llega en cambio el verano, todas saben lo que hacer. Y lo que muestran es lo que muestran. “Yo quiero que me valoren por mi inteligencia”, dice la chica que no ha escrito nunca ningún libro y toma el sol en tetas. Una mujer es su cuerpo».

En el ínterin, también se le abrió espacio en la televisión. En 2010 fue filtrada una conversación detrás de cámara en Tele Madrid en la que la presentadora consulta a su panel sobre cerrar la edición con un desfile de Victoria´s Secret. Ahí, se refirió a la sexualidad de las de 16, 17 años: “¿Sabes, la auténtica cosa está casi virginal, que aún no huelen a ácido úrico, que están limpias? Que tiene olor a santidad, sabes, que parecen lionesas de crema, dulces (…) de primer rasurado, que aún no pican (…)”.

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En 2015 fue echado de El Mundo por cambio de directiva. Pero como si se tratase de una pieza codiciada, ahí mismo le “ficha” ABC.

Las barbaridades no pararon. Brotaron frases como “que hablar en español es de pobres y que sólo lo hablaba con la criada» y en 2017, varios amigos columnistas rompieron relaciones con él por humillar en un bar a un camarero que no entendió la orden café amb llet”. No conforme con eso, al pobre mesero le dedicó una columna en el diario en la que decía que la “intolerable chulería del camarero es un síntoma del nacionalismo de la peor España”.

“Ansu corriendo tiene algo de gacela, de mantero jovencísimo y negro que de repente veías corriendo por el Paseo de Gracia cuando alguien al grito de: ‘¡Agua, agua!’, anunciaba que la Guardia Urbana había llegado. Selváticas estampas en el corazón de la ciudad”, decía en el texto. Añadiendo que “ahora esto no pasa, porque para Ada Colau (alcaldesa de Barcelona) los delincuentes son los policías y no los manteros, que ya no tienen que salir corriendo. También es cierto que sin turistas, les flaquea bastante el negocio”.

Este párrafo, después del partido de esta semana del FC Barcelona por la Champions League fue el que hizo entrar a este personaje en el mundo del deporte. Antoine Griezmann lo señaló públicamente.

De nuevo, se abre el debate. ¿Cuáles son los límites de la libertad de expresión? ¿Debe tolerar un medio este tipo de opiniones o echarlas a la basura es un acto de censura?

Por lo pronto, nos quedamos con la más grande reflexión del maestro del periodismo Ryszard Kapuscinski: “Para ser buen periodista hay que ser buena persona.