Quien busque espectáculo futbolístico en un Superclásico se irá con el rabo entre las patas, dicen por ahí. Y el Boca-River de ayer no fue la excepción. El miedo a no perder, a no ser la burla por meses, se traduce en la falta de fútbol que los equipos llevan al terreno de juego. Toque seguro, hacia atrás de preferencia y, ante la presión inminente, una piña al otro lado, como si se estuviese jugando Rugby. Boca jugó uno de sus peores partidos en lo que va de la temporada, con un equipo plagado de suplentes y juveniles, sin idea, pensando en el partido de vuelta contra Corinthians, y aun así, sacó el empate. River, por otro lado, llegaba como favorito entre comillas. El pasado de la «B» aun no lo vence; los fantasmas siguen haciendo estragos, aparecen en la mente de jugadores y cuerpo técnico constantemente, y hasta en el terreno de juego, literalmente, como sucedió ayer en La Bombonera.

El gol de Manuel Lanzini, apenas al primer minuto de juego, parecía darle una tónica heróica al equipo de Ramón Díaz. Boca no hilvanó pases ni ideas. La desconexión ofensiva xeneize fue el mejor defensa de River, quien tampoco cantaba mal las rancheras cuando buscaba el arco de Orión. En tierra de ciegos, el tuerto era rey o, en otras palabras, el menos peor llevaba la delantera. A Boca le bastó con dar cuatro toques de tremenda calidad, entre un inspirado Wálter Erviti y un eficaz Santiago Silva. «¡Gallina puta, la puta que te parió!», cantaban al ’39, tras el gol del Tanque, quien le devolvía la algarabía a la Doce y compañía.

EL SHOW DEL ‘PELADO’.

En el segundo tiempo, apareció el espectáculo puro, ese que hace único a los Superclásicos, ese que involucra factores extrafutbolísticos idiosincráticos. Al ’22 Germán Delfino, árbitro del encuentro, expulsa a Ramón Díaz por supuestos insultos hacia su persona. Ramón discute, reclama, mueve los brazos y vocifera lamentos (o puteadas, sólo él y Delfino lo saben). Mientras camina hacia el túnel de salida, rodeado por un escuadrón policial, la grada comienza a gritar al unísono: «¡Vos sos de la B! ¡Vos sos de la B! ¡Vos sos de la B!». Y Ramón, en un gesto vergonzozo, mercenario pero típico de él, responde con señas y palabras: «¡Yo no, eh. Yo no!».

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En el Post-superclásico, Ramón se dedicó a echarle más leña al fuego. Primero, Díaz puso en su cuenta de Twitter, según él accidentalmente, la letra «A». Así. Limpia, sin palabras, sin acompañamientos, sólo «A».

Acto seguido, Ramón habló ante los micrófonos donde se enfocó en Boca y no en su reacción «de Primera».

«La gente de Boca festeja los empates de local. Nosotros somos diferentes, pensamos diferente, festejamos triunfos. El partido demostró porqué nosotros estamos peleando el campeonato y ellos en los últimos puestos. Boca festeja empates», señaló con picante el entrenador de River.

“Nos trataron mejor que en otras ápocas, no nos tiraron cosas cuando llegamos al banco de suplentes. Van mejorando”, añadió Díaz cuando se le preguntó sobre el recibimiento de la afición xeneize.

LOS «FANTASMITAS» DE LA ‘B’.

Pasado el episodio del Pelado, el juego volvió a ser normal. Bostezos, pestañeadas y más bostezos. Hasta el ’75. Delfino ordenó parar el partido por lo que sucedía en la grada: bengalas, humo, estruendos y fantasmas. Sí, como lo escuchan: fantasmas. Trepados en el alambrado de la Bombonera, se divisaban de 6 a 10 «fantasmitas» de la ‘B’, en clara burla al descenso de River Plate hace un par de años. El humo disminuyó considerablemente la visibilidad en el terreno de juego y el partido tuvo que ser suspendido por casi diez minutos. Una cosa de locos, de esas locuras que sólo pasan en partidos de esta magnitud.

«Fantasmitas» en el 0:35.

Delfino reanudó, dio diez de agregado pero el marcador no se movió. Una vez más, poco fútbol pero pasión al por mayor en un Boca-River.