Mejor imposible no pudo ser el debut de David Trezeguet con la camiseta de River Plate. Colmó las ilusiones, anhelos y esperanzas de toda la hinchada de River, que vio a su equipo vencer a otro grande como Racing en un partido de verano, cierto, con una Copa de por medio, pero que lo tomaron como si fuera una final de liga o hasta continental, y es que no es para menos, después de tantos sin sabores, lo de ayer había que disfrutarlo, gozarlo, vivirlo, sentirlo y enmarcarlo.

La presencia incondicional de un jugador de la categoría de Trezeguet en el club de Núñez, significa mucho para el aficionado de River, que no termina de entender su presencia en la división «B» del futbol argentino. Hoy, más que nunca, el corazón riverplatense está golpeado y dolido, pero al mismo tiempo esperanzado en regresar de inmediato a los niveles que por historia, suele alcanzar este club. Con Trezeguet en el equipo, se puede soñar por ahora, en que así será.

Y es que jugar en una categoría inferior para un futbolista de la talla de David, seguramente no es sencillo, pero lo que realmente le da valor al hecho, es que fue su idea, su intención y sobre todo, el amor por los colores del equipo, lo que lo llevaron a tomar tal determinación.

David llegó lleno de ambición y con una mentalidad revolucionaria. Desea brillar con el Millo en el máximo circuito, ganar una Copa Libertadores y hacer realidad algunos de sus sueños pendientes. Dos años y medio de contrato podría significar eso y mucho más para él y para la hinchada que lo acompaña en sus ilusiones, igualmente, de manera incondicional.

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Hoy, a sus 34 años, muchos dan por hecho que su carrera está prácticamente terminada, pero su espíritu, su alma y su ilusión, hoy están más renovadas que nunca y lo más increíble, es que al mismo tiempo, revitaliza todo lo que en el hincha millonario hoy está dormido, apagado o casi sin vida.

Y no, no es que sea la solución a todos los problemas del equipo de la banda roja, no, pero sin duda, su presencia inspira y su goles, como el de ayer, hacen soñar aunque sea sólo por instantes, a la hinchada de River que seguramente recordará siempre el primer tanto de Trezeguet con la casaca millonaria.

Al final valió una Copa y nadie lo puede negar.