Amigos de FutbolSapiens, les presentamos esta columna que será un diario de un mexicano que estará inmerso en los estadios, playas, calles, bares de Brasil. Nos contará sus aventuras a través de un intercambio de escritos entre él (Andrés) nuestro corresponsal en Brasil y Marcelo que, como muchos de nosotros, verá la Copa del Mundo por medio de un plasma.

Los invitamos a seguir esta correspondencia y sean testigos de la travesía de Andrés por el Mundial 2014 en tierras cariocas.

¡Vete Mucho al Mundial!

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Mi estimado Marcelo:

Empiezo a creerme esto. Todavía al momento de tomar mi primero de tantos vuelos no había sentido la emoción del Mundial, ese nervio o ansia que siempre llega hasta con meses de anticipación. Pero hasta ayer no sentía nada. Ya sé que este equipo no le levanta el ánimo a nadie, pero estamos a dos días de que empiece un mundial en Brasil y para mí estos últimos días fueron completamente normales. Incluso durante el partido de preparación contra Bosnia, cuando vi ese comercial con el Negro Medina, me dieron ganas de mandar todo esto del viaje a la mierda.

Al llegar a la Ciudad de México, en la sala de espera me encontré con una gran cantidad de camisetas verdes de aficionados que ya festejaban con cerveza y tequila. Por un momento me arrepentí de no llevar puesta mi camiseta de México pero, ya sabes, las cábalas son las cábalas, y no hay manera de que yo estrene esa camiseta antes del día del primer partido. No te imaginas la fiesta que había en el aeropuerto: todos cantando, algunos con sombreros, otros con matracas o trompetas. Todo ese ambiente me cambió el ánimo por completo. Después me acordé del berrinche que hiciste cuando tu jefe no te dio los días libres para venir y me sentí aún mejor; caí en cuenta de lo afortunado que soy al poder vivir una experiencia como ésta que, desde antes de salir del país, ha sido única. Me llegó la emoción de lleno.

Al momento de abordar a mi segundo avión me sorprendió no ser el único aficionado despistado que haría escala en Santiago. Sin embargo sí fui el único que decidió quedarse aquí por una noche; nunca se sabe si habrá oportunidad de volver. En el Mercado Central de Santiago me recomendaron un restaurant–bar  que se llama Donde Augusto, y cuando llegué vi en la pared, entre muchos otros objetos, una camiseta enmarcada de las Chivas y una calcomanía del Atlas.
Al reconocer mi acento, un mesero me gritó:

-¡Mexicano, por acá!-  Y me llevó a una mesa junto a una camiseta del Santos Laguna y una foto de Irraragorri.
-¿Cómo es posible que tengan una camiseta del Santos y no tengan una del Monterrey?-  Le pregunté.
-Pues no nos han regalado ninguna del Monterrey; si nos dejas una, con gusto la ponemos. De hecho, la camiseta que viste del Guadalajara, nos la regaló el presidente Jorge Vergara.- Me explicó.
Yo le agradecí la mesa, le menté a distancia la madre a Vergara y le comenté al mesero que prefería sentarme en una mesa que no estuviera cerca del jersey ni del Santos ni de Chivas.
Por fin me senté junto a uno de la Unión Española y pedí unos mariscos que estaban espectaculares. No sé si el cocinero en verdad se lució o si el simple hecho de comer al lado de la camiseta del equipo que eliminó a tus Tigres de la Libertadores fue lo que hizo que disfrutara tanto la comida. Además, se sentaron dos meseros en mi mesa a platicar de la selección chilena. Me llamó mucho la atención su optimismo; en verdad tienen confianza en calificar. Me comentaron que no ven bien a Holanda y con Arturo Vidal ya recuperado creen que tienen posibilidades de vencerlos. Es increíble cómo te cambian las perspectivas de tus posibilidades cuando se tiene un equipo que sí juega bien al futbol. Antes de irme de ahí, pensé en regalarles mi playera de Rayados, pero en verdad quiero pasearla en Brasil.

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Mexicano viajando a Brasil
Mexicano viajando a Brasil

En un rato más parto para Sao Paulo y, después de una noche en Santiago, me quedo con la sensación de que sin importar en qué parte del continente esté, siempre encontraré con quien platicar de futbol y del Mundial. Por lo pronto me espera un vuelo que seguramente será de fiesta chilena. Si así han sido las escalas, no puedo esperar a saber lo que me espera en Brasil.

Ya te iré contando qué tal me va. Mientras dime, ¿qué más se ha dicho del Mundial allá en México?

***

Estimado Andrés:

Me da gusto que mi existencia te haga sentir afortunado.  Tu sentimiento es tan noble como el de la gente que “le agradece a Dios” después de ver niños pobres en la calle.

Tristemente yo no he encontrado el remedio para los comerciales del Negro Medina y el “Tortas Moy” (salvo el ligero paliativo que encuentro en su “ausencia” en la lista final) o ver a Televisa con sus “comediantes” metidos en la concentración de la Selección, ni para los activistas de redes sociales que nos “abren los ojos” recordándonos cómo aprobarán las reformas mientras nos tupen de “pan y circo” (¿Ah chinga? ¿Cuál pan?).

En la oficina lo más “mundialista” que hay es un Piolín pirata con camisa de México que Rosy puso en la recepción que, entenderás, no me motiva gran cosa y en la radio han hablado más de refuerzos y rumores para la siguiente temporada que del Mundial; ya sabes cómo son nuestros “medios locales”.

Mi jefe ya nos dijo que nos va a “invitar” la comida del viernes. Es decir, él se va a ir a un bar y nos va a dejar pedir “lo que queramos” para que veamos el partido en la sala de juntas; quiero pedir salmón noruego del “Partenón” y tirarlo en la banqueta nomás para “sentirme afortunado”.

Marcos, el diseñador que tiene su madre altamente partible, ha estado repitiendo hasta el cansancio que le “indigna” cómo “el país se paraliza” y todos se vuelven “incompetentes” por un juego. Así es, el mismo imbécil al que sí le dieron días para que se fuera a Coachella el año pasado y dejara colgando a dos clientes.

Fuera de eso, Nelly se enojó porque no voy a ver el partido con ella y porque le dije que la cagó al comprar la camisa “naranja” de México (ella dice que es roja pero igual está horrenda) y a mi suegro le ha dado por hablar de futbol conmigo limitándose a repetir: “Pues es que Brasil es Brasil”.

Ese es hasta hoy el “ambiente” mundialista que me ha tocado vivir.

Finalmente me alegra que estés teniendo aventuritas en Chile pero creo que debiste dejar tu camisa en el restaurant para terminar de hacerlo nefasto y de paso ahorrarte la chinga de explicarle a los extranjeros por qué tu camisa tienes más estrellas que Tatiana o de la importancia del Mundialito Bimbo.