Se retira en Wembley

Independientemente del resultado final entre Barcelona y Manchester United, el futbol pierde. Se va un grande, dirá adiós al deporte más bello del mundo. Wembley es su última morada sobre un campo de juego y con la Orejona o no ha de colgar los guantes. Balón y aficionados extrañarán a Edwin Van der Sar.

«Yo no soy de rock and roll», dice el portero holandés a algunos medios ante su retiro. Con la frase resume su personalidad tanto en la cancha como fuera de ella. El escritor Chris Keulemans se expresa así para enaltecer al hombre que hoy se retira: «es fuerte pero a la vez delicado, sensible y respetuoso con la pelota. No la ataca como otros guardametas y no la considera su enemigo por el simple hecho de verla penetrar en su área sagrada. Van der Sar le da la bienvenida, como a un amigo o a un aliado».

En Holanda ya lo aguardan. Antes que nadie, su familia. El propio Van der Sar ha manifestado que muere de ansias por estar de tiempo completo con los suyos. Y no es para menos. En 2009, su esposa sufrió un infarto cerebral del cual sigue recuperándose y ante la circunstancia requiere de ser padre y esposo todas las horas del día.

En su país es visto más como un santo que como un ídolo. Esa concepción se deriva del sentido de amistad que practica con sus amigos de toda la vida, a quienes les ayuda a cubrir gastos cuando no hay dinero.

Adiós Van der Sar, hasta siempre.

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