Y que siga la mata dando. Los detractores del triunfo de Barcelona respaldarán la postura de Arsene Wenger. Por su parte, los aficionados culés podrán tildarlo de ardido. Lo cierto es que el entrenador francés es la viva imagen del futbol en todo su esplendor: la herida de la derrota, la pasión derivada en coraje por las circunstancias y el reconocimiento al rival; todo un técnico.

Sin más ni más Wenger culpa a Busacca de la derrota y lo acusa de haber matado a su equipo con sus decisiones: “los aficionados del Arsenal y del fútbol en general deben estar tristes. Cualquiera que haya jugado a fútbol jamás se le ocurriría hacer algo así”. De acuerdo a Wenger la clave para “matar el partido” por parte del suizo fue la expulsión de Van Persie.

“Es cierto que en la primera parte el Barcelona nos ha dominado, pero en la segunda había más espacios, sabía que volveríamos al partido y estoy convencido de que, con once, lo hubiésemos ganado”, sentenció el técnico francés.

Sin embargo, y con el dolor a cuestas, señaló haber perdido ante un “gran Barcelona y suficientemente bueno para ganarle a cualquiera” pero que desafortunadamente empaña el triunfo por la actuación del árbitro.

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