La ambivalencia forma parte de nosotros, no podemos evitar sentir odio cuando amamos. Depende de la situación en la que se encuentre el ser humano puede permanecer pasivo ante un sentimiento de odio, pero entre más se ama, más será reactivo y deseará externar sus sentimientos negativos.

Agustín Marchesín aprendió a odiar al América, como cualquier otro jugador que se ve opacado por el equipo azulcrema en algún momento. Saber que eres el mejor portero pero que formas parte de una tribu que por más blasones que ganes, nunca tendrás los reflectores que tiene tu peor enemigo aún en las derrotas.

El arquero argentino sobresalió siempre con los de Torreón, los hizo campeones casi él solo cuando Santos Laguna jugaba muy inconsistente en la liguilla del Clausura 2015. Se le reconoció el campeonato pero en unos días más pasó, incluso pocos se acuerdan de aquel torneo.

Lo que sí recordamos todos es aquella declaración tipo novia despechada, dijo que nunca jugaría para el América. Aquella confesión abierta fue más comentada que la mejor de sus atajadas. «Marchesín NO quiere al América», «Marche nunca jugaría en las águilas». Como si no se supiera por anticipado que al Club América o lo odias o lo amas, no hay medias tintas.

Pareciera que la mejor jugada de Agustín para que un equipo grande se fijara en él, fue aquel golpe bajo que le tiró a las águilas. Los de Coapa fincaron una contratación basada en aquella frase desafiadora que le tiras a la chica que no quiere andar contigo: «¿Me odias? ¡Voy a hacer que me ames como a nadie!».

Marche no pudo resistir la tentación de ir al club más mediático del futbol mexicano. De cubrir la portería dónde se pararon grandes arqueros como Héctor Miguel Zelada, Adolfo Ríos y Guillermo Ochoa.

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Sentir la sombra de los 3 postes de la portería de un estadio mítico como el Azteca cada 15 días. Saber que cada ocho días todos están pendientes si gana o pierde la institución que defiendes.

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El portero aquel que declaró en contra de los colores amarillos y que causó el repudio de los seguidores americanistas apenas llegó, debutó deteniendo un penal. Esos que exigieron que mejor se le diera la oportunidad a Hugo González, «un americanista de verdad», decían. Esos mismos son los que hoy lloran la partida de Marche.

Y es que el portero dio ese paso, de odiar a amar los colores amarillos. Se dio cuenta desde las entrañas del club de Coapa el porqué este equipo despierta esos sentimientos al extremo. Besó el escudo tantas veces como pudo por pasión, no por paga, fue enamorándose con cada triunfo, campeonato y copa levantada. El gafete en el brazo fue su confirmación como águila.

Agustín Marchesín se convirtió en uno de los mejores porteros de la historia del América, estos son algunos de los números que dejó con las águilas:

-Único arquero en ganar Copa, Liga y Campeón de campeones.

-Mantuvo el arco en cero en 49 partidos de 139 que disputó.

-Jugó todos los partidos de liga (129) mientras estuvo en América, nunca fue expulsado.

Se fue del América dejando una emotiva misiva en la que se despedía del americanísmo, derramó algunas lágrimas apenas le avisaron que se iba de la institución a cumplir un sueño, sentimientos encontrados que todos hemos tenido. Alegría y nostalgia de dejar la casa. De Santos Laguna, ni se acordó.


Marche llegó a las águilas por la puerta de atrás, como un gran portero sí, pero se fue por los enormes nuevos portones de las instalaciones coapeñas para viajar a Europa, para posiblemente ser el portero titular de la Selección Argentina.

Cuando el triunfo, la fama y los trofeos se guardan, nuestra pasión sigue intacta. Agustín llevará al América con él por siempre.