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(Transcripción de una carta encontrada en el estudio del Coronel Aureliano Santillán)

A mí amado comandante:

No sé si usted llegue a leer esta carta, pero si lo hace, significaría que yo ya he pasado a mejor vida. Le escribo a continuación por que considero necesario que usted sepa que aquí estamos de pie, contra viento y marea, contra todo pronóstico, tal cual como usted nos enseñó a pelear y a sufrir en nombre de un ideal.

Son tiempos distintos y difíciles para ser un revolucionario, ya todos nos conocen como “Canallas” pero usted eso ya lo debía de saber por sus contactos allá donde esté. Lo que también debe saber, si le dieron el privilegio de una radio o un televisor, es lo que hizo el bueno de Víctor V, ese mismo que hace unos años comenzó un viaje para conocerlo de frente.

Víctor fue nuestro General por más años de los que cualquiera haya estado en el cargo, y logró lo que absolutamente nadie había hecho hasta ese momento: lograr que este equipo, con fe santa y provinciano, se enfrentara con todo el valor a los capitalinos opresores, poderosos, sistemáticos y agresivos. Ahí donde están los académicos baratos que no saben ni dos líneas de Borges, los independentistas que necesitan al gobierno como un fénix al rojo fuego, y también en la capital están los millonarios que con el poder de su dinero hacen lo que quieren, incluso traen a la fuerza refuerzos desde el extranjero.

Yo soy el Coronel Aureliano Santillán, hijo de mi Padre, Manuel “El León” Santillán, eterno libertador y creyente fiel de usted. Mi padre murió acribillado en un callejón a manos de unos malditos policías. Mi madre me engendró en un mar de lágrimas junto al mar, a los diez años ella misma se ahogó en un mar salado de tantas lágrimas que ha llorado el pueblo por las injusticias sufridas, tanto que lloró mi vieja que terminó en la mar.
Papá Gabriel me adoptó y cada noche antes de dormir me contaba historias sobre mi padre, me decía lo que dijo el León.

Ahora usted sabe quien soy, un libertario, un guerrero que escogió la bandera auriazul para defender sus ideales, los ideales que usted nos marcó, la libertad, el enfrentamiento al sistema, la comunidad por encima del individuo. Ese soy yo, mi comandante, ahora sepa lo que su ejército ha logrado.

Llegó el momento esperado, con el Feo a la cabeza nos alzamos en armas contra el ejército rojinegro, contra esos imbéciles que no reconocerían la revolución aunque esté frente a ellos, acabamos con esos boludos que le daban a nuestra ciudad mala fama por su enfermedad, más mental que corporal, esos rojinegros traían la lepra en el cerebro.

La batalla fue cruenta y cobró muchas vidas, entre ellas la de Casale, aquel viejo que siempre nos sirvió de talismán para ganar. Murió en paz, viéndonos conquistadores de toda la república por primera vez desde que nos unimos a la revolución. El Viejo murió de un infarto, pero murió gritando ¡Viva la resistencia, carajo!

Murió viendo como el Almirante Poy armaba un ataque cuerpo a cuerpo contra el Teniente Fenoy, un ataque que fue decidido por una zambullida, una paloma lanzada al aire que terminó por doblegar a Fenoy y a los suyos. Ese 19 de diciembre fue Monumental y desde entonces hasta ahora todos los revolucionarios celebramos ese hecho gritando la victoria de Poy sobre Fenoy, cada año, cabalmente nos juntamos, nunca he faltado. Después de la inspiración de Poy, arrasar con los mártires en la batalla de Santa Fe fue pan comido.

Pero no todo ha sido alegría, créame que hemos sufrido también y de lo lindo, no sólo nuestro ejército particular, el ejército de la nación ha sido bastante golpeado, lo peor es que hubo proletarios que se dejaron engañar por la oligarquía y la explotación. Una guerra de medios manipuló la verdad para que creyéramos que el ejército de Videla era el ejército del pueblo, pero no era así, él sólo contrato un ejército para hacernos creer que éramos victoriosos, pero esa no son las victorias a las que debemos perseguir, eran victorias vacías, eran victorias tristes y grises, eran victorias sin victoria. Un holandés conocido como el mejor comandante del mundo (después de usted) no quiso venir a esta tierra ciega que no notaba que había una guerra diferente que no se veía al aire.

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Videla mataba gente, pero siempre les hacía ver que se iba ganando, y algunos le creyeron, pero nosotros no, las madres del 5 de mayo tampoco, los verdaderos canallas sabíamos que nada bueno venía de la dictadura militar de Videla que nos engañaba… Un Matador recibió una copa manchada de sangre, otro manchó de sangre las copas que le perforaron la vida.

Me quedan pocas energías para seguir con esta carta, sé que alguien me anda buscando, he escuchado que suenan las balas, espero aguantar como Víctor Jara.

Y llegaron los tiempos terribles, lejos quedó la época del Matador, ya sabe el que con sus palabras mataba, el que le pedía a la Santa María de los Buenos Aires que todo estuviera mejor. Fuimos humillados en 2010, cuando luego de perder muchas batallas insignificantes, nos desestimaron, nuestros fusiles y nuestros recursos escasearon tanto que ya no podíamos pelear contra los ejércitos de primera clase y teníamos que hacerlo contra los de segunda, y así seguimos por tres años.

Hace unos años reencontramos su clara, su entrañable transparencia, su bendita presencia ¡Comandante! Este año fue el despertar de nuestro ejército. Cambiamos de capitán y tuvimos al frente a un Ruso. Recuerdo, sólo en ése año, gigantescas batallas contra las tropas del Almirante Brown. Las victorias sobre el Pergamino que sacamos contra las huestes de Douglas Haig. Estuvimos en la boca del lobo platense y del lobo de Jujy. Incluso vimos la Lunita de Tucumán, que dolía menos cada día más.

Tras todas esas batallas volvimos a competir de tú a tú contra los ejércitos más poderosos del país, y así vivimos una época de alegría, opacada sólo por la muerte de nuestro más grande maestro, el enorme García Márquez se adelantó en el camino dejándonos la más bella de las prosas tras su entierro, dejándonos esa vida que nunca jamás, por los siglos de los siglos habría de volver a repetirse. Se fue, y con él se fue un poco de la magia del mundo.

Pero la gran magia de Rosario Central permanece intacta, la mística que usted conoció, el único embrujo que pudo con usted, Comandante, Rosario Central es el corazón en un puño durante la calurosa navidad del polo sur, es la canción más conmovedora que escuchan los oídos de un hincha, es treparse el gigante de Arroyito para perderle miedo a la muerte, y eso usted siempre lo supo bien.
¡Hasta Siempre, Comandante “Ché” Guevara!
Que la siguiente vida nos sea grata.

Che guevara Rosario central

(En la casa del “Coronel” Aureliano Santillán, ubicada atrás de metro Rosario, se encontraron, entre otras cosas; antidepresivos, una edición a medias de Cien años de soledad, discos de los Fabulosos Cadillacs, de los Auténticos Decadentes, de Tan Biónica, revistas del partido comunista argentino, repeticiones de partidos de Rosario, pósters del ché Guevara, y de Rosario Central. Escrito sobre su brazo izquierdo se leía “Soy hijo del león Santillán y de la revolución, es hora de unirme con mis padres en el cementerio”. El reporte forense indicó suicidio).