Soul significa alma y tiene a su reina eterna en Aretha, los años pasan, el jazz sigue improvisándose en blanco y negro y el R&B toma nuevos bríos, el pop volvió, se fue y regresó a reinar primero con artistas MTV y bajo el yugo de Taylor Swift después, pero el Soul sigue llenando las tardes melancólicas de muchas personas que buscan en voces voraces y temas directos empatar sus sentimientos con la melodía que está sonando.

¿Pero, alguien dijo que el Soul, a pesar de venir del alma tenía que ser feliz? ¿Las notas de jazz que siempre hacen mover los pies siempre deben hacernos sonreír? ¿El pop puede vender discos sin letras que evoquen a una utópica alegría? La estrella fugaz que fue parada junto a la mismísima Aretha es una muestra de que a través del dolor también se llega al alma.

Amy Jade Winehouse creció en el norte de Londres en una familia judía de clase obrera, desde pequeña mostro interés casi obsesivo y un talento innato para la música, en especial con piezas de mediados del siglo pasado, devorando CDs de The Shirelles, Billie Holiday, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y por supuesto Aretha Franklin gracias en gran parte a la herencia de jazzistas de su familia materna y a su padre, gran fanático de Frank Sinatra.
Expulsada de una escuela de artes por “usar piercings” a los 14 años, comenzó a cantar dos años después, haciendo estándar de jazz en bares, grabando demos y componiendo canciones al mismo tiempo que aprendía a tocar la guitarra y perfeccionaba su voz. A esa edad dejó la escuela definitivamente y comenzó a consumir mariguana mostrando comportamientos que tendían a la depresión, solo ella sabía que pasaba al interior y lo plasmaba en su cuaderno de notas donde empezaba a formar sus composiciones. Su demo viajó a través de varios oyentes, productores y músicos que quedaban impresionados con el estilo de la joven cantante, emulando a las clásicas artistas afroamericanas de los 60s de Motown, y así, firmó un contrato discográfico saliendo a la luz Frank, su primer álbum. Amy solo tenía 20 años cuando esta pieza de jazz, y claro, soul impresionó gratamente a
la crítica inglesa llegando incluso a disputar el prestigioso Mercury Music Prize de 2004 perdiendo el galardón con el disco debut de Franz Ferdindand.

El material nunca fue lanzado en Estados Unidos pero los escuchas británicos estaban atónitos con la honestidad en “Stronger than Me”, sintiendo la daga directamente al ego cuando escuchaban con esa extraordinaria voz: “Don’t you know you supossed to be the man?”. La fama comenzaba a rondar en Amy justo cuando encontró a quien sería el amor de su vida, para bien y para mal. Con Blake Fielder-Civil conoció que el amor y la obsesión pueden formar una maléfica amalgama al mismo tiempo que el consumo de drogas duras aunado a problemas de bulimia comenzaba a hacer trizas su cabeza, y fue
justo eso, una cabeza pero sobre todo un corazón hecho trizas tras la ruptura con Blake lo que la llevó a escribir su obra maestra, el segundo álbum cargado de canciones tan potentes, directas y duras que la crítica, los fans y cualquiera que escuchara Back to Black no parase en elogios para Amy. Los tracks de ese álbum muestran a una cantante vulnerable, desprotegida, dolida y ávida de cariño, su melodiosa voz solo sirve para hacer más profundo su sentir. Un éxito en ventas, en premios y llevando a Winehouse a estar en el Olimpo del jazz y del soul al ser elogiada por los mismos Tonny Benneth y Bob Dylan mientras que ella misma, con varios kilos menos, demacrada y ya con su clásico maquillaje estilo Cleopatra y su peinado se desmoronaba rápidamente por alcoholismo, depresión, bulimia y consumo de drogas.

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La prensa sensacionalista aprovechó el estado casi deplorable que mostraba Amy en ocasiones para hacer un documental de sus excesos en los tabloides. Sus incidentes con fans en la calle y en los conciertos eran oro puro para quienes usan este tipo de noticias para entretener a las masas. El público la aclamaba y la pedía en los escenarios, incluso quería el sucesor de Back to Black, pero Amy fue abucheada en varias ocasiones en sus presentaciones y no tenía cabeza para escribir su tercer disco; intentó sin éxito desintoxicarse, pero por una u otra cosa solo quedaba su voz como recuerdo de la gran artista que fue. Víctima de los paparazzi que se enfocaban en mostrar su decadencia, no daba muestras de mejoría estando ya alejada de su familia y divorciada de Blake seguía siendo fiel al mantra de su éxito Rehab, y dijo “No, no, no” a cualquier tipo de ayuda.

La gota que derramo el vaso fue su último concierto en Belgrado, que irónicamente sería el regreso de la cantante a los escenarios después de una ficticia rehabilitación. De entrada, Amy no sabía dónde estaba, viajo de Londres a Serbia totalmente dopada y cuando subió al escenario en un vestido amarillo desaliñado en total estado inconveniente, de rodillas y sosteniéndose del bajista en el escenario, más que causar burla, los fans arropados en abucheos y los músicos con muecas de preocupación se dieron cuenta que habíamos perdido para siempre a la artista, aquella que nunca pudo matar los demonios de
sus adentros y termino siendo víctima de si misma, con su padre, Blake su esposo, pero sobre todo la fama en si misma como combustibles para que la flama se hiciera inextinguible.

Dos discos, colaboraciones con grandes exponentes del género y varios premios y reconocimientos llenaron el almanaque musical de Amy que tras su enorme tocado coronado con un moño rojo nunca pudo dejar que las adicciones dejaran su cuerpo hasta que este no pudo más y su corazón dejo de latir en 2011 a la musicalmente mítica edad de 27 años.

La voz moderna del Soul, destinada a ser sucesora de las grandes de su tiempo y que a palabras de Bob Dylan es la única cantante “real” de esta época puso su alma en su obra, aunque al final “she only said good bye with words”.

Por cierto, como buena londinense ella pensaba en burbujas cuando le preguntaban acerca de futbol; «I’m forever blowing bubbles», decía.