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[Canción para acompañar: «I’m a man» – Black Strobe]

«El área que divide al cerebro del alma está afectada de diversas maneras por la experiencia – Algunos pierden la mente y se vuelven alma: locos. Algunos pierden el alma y se vuelven mente: intelectuales. Algunos pierden ambas y se vuelven: aceptados».- Charles Bukowski

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quien alguna vez no tuvo la oportunidad de hacer una locura con los amigos de pequeño, podrá jactarse de tener una infancia distinta. Los que sí la tuvimos, recordamos con nostalgia dichos momentos debido a la libertad genuina que poseíamos aunque fuera por unos escasos minutos. Sin embargo al regresar a nuestras casas, nos encontrábamos con la tercera ley de Newton, disfrazada de madre, padre o cualquiera fuese el tutor en su momento.

«Si todos se tiran del acantilado, ¿tú también lo vas a hacer?»(*) era la pregunta del millón mientras tu escuchabas con labios cerrados y mirada al piso. El mensaje detrás de aquella frase era simplemente no hacer algo estúpido si todos los demás lo hacían o, en otras palabras, piensa por ti mismo en lugar de seguir a los demás. Es un buen consejo. De hecho, es de los mejores consejos que podemos aplicar en nuestras vidas. Lamentablemente, la intención del tutor en dicha frase, no es fomentar una mentalidad independiente sino que tener el control sobre la situación.

Cuando crecemos, la tortilla se voltea. Y antes que nos demos cuenta, la gente comienza a esperar que te comportes como ellos y tú, estúpidamente, lo haces simplemente porque «es lo que hay que hacer». Ya sumergido en esa burbuja social, pobre de ti que vayas a hacer algo diferente porque todo mundo volteará a verte con una mirada atónita y molesta, y dirán: «Oye, ¿por qué no estás saltando con nosotros?.

Cuando Mario Balotelli sale en la portada de un periódico, es muy difícil encontrar una explicación (o justificación) sobre el porqué le tiró un dardo a un juvenil del Manchester City, se colocó una camiseta del Milan mientras jugaba en el Inter, incendió su casa, golpeó a Micah Richards, chocó su auto nuevo con 5,000 libras en el asiento del copiloto y le respondió a un oficial que traía ese dinero porque «era rico», quiso definir de taquito cuando estaba solo frente al portero y falló, se coló a una prisión de mujeres con sus hermanos para «echar un ojo», demandó a su equipo, blindó y pintó su coche militarmente, y se fue a un Strip club dos días antes de un partido por un título.

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Fue capaz de rechazar el llamado de la mejor selección africana en los últimos años para luego ganarse un puesto en una de las potencias futbolísticas más grandes del mundo y silenciar a todos con dos goles en una semifinal ante los alemanes. A la edad de Balotelli, los últimos ídolos ofensivos del Milan, Ibrahimovic, Pato e Inzaghi, no le llegaban ni al hombro en cuanto a goles y trayectoria. Ahora, San Siro lo espera, y el legado que pueda dejar depende exclusivamente de él mismo.

De algo si estamos seguros y es que, la irreverencia y la locura serán aceptadas, aplaudidas y hasta martirizadas mientras un objetivo notable se cumpla. Sobre todo en el fútbol. De lo contrario, sólo será un «loco» más que quiso hacer algo diferente en un mundo normal.

Si quieren hacer enojar a una(s) persona(s), simplemente hagan algo diferente. Tengan éxito siendo diferentes y la gente los amará/odiará. En cuanto a Mario, el tiempo le dará la razón aunque probablemente seguirá sobresaliendo mientras más personas le digan que «no puede» hacer algo.

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(*): Así usan la frase las mamás en Chile. No sé como sea en México, pero imagino que similar.