5-FUT-7

No te mentí. Juro que no traía dinero. Si te sirve de consuelo, permíteme escribir unas líneas para confesarte que esa noche no pude dormir. Apenas puse la cabeza en la almohada cuando de inmediato me vino la imagen de tu rostro angustiado y tus manos extendidas vendiéndome un reloj desgastado por el uso. Tu reloj. Junto a ti, tus seis amigos suplicándome que lo comprara. Más allá del remordimiento por mi propia carencia, pesó el dolor de ver a los tuyos y a ti yéndose con sus caras cabizbajas. Se fueron de la cancha derrotados sin siquiera haber jugado. Peor aún, se fueron humillados por ser quienes son. Y yo no pude ayudarles porque de alguna u otra forma también pertenecía a su mismo entorno de miseria.

Sé de la impotencia que te dio cuando el árbitro les dijo que perdían sobre la mesa por no pagar el arbitraje, sin embargo, semejante acto de crueldad, dada la circunstancia, me dejó ver un acto de grandeza que como capitán demostraste con tu equipo. Sí, me percaté del instante en que te acercaste a ellos, los reuniste y a cada uno le diste un abrazo. Juntos en las buenas y en las malas.

Se fueron con la mirada agachada no por perder sobre la mesa sino por ver muy lejana una victoria que muchos hemos visto a años luz. No es tu culpa ser jodido, sí, así como nos decimos varios cuando el bolsillo no hace ruido. Por el contrario, siéntete orgulloso de tener la humildad para pedir uniformes y zapatos prestados. ¿Crees que no me di cuenta? Llevaban playeras desiguales y shorts de diferentes colores que les quedaban más grandes que sus tallas. Ni qué decir de sus zapatos, apenas y podían moverse con ellos; observé cuando los rellenaban con periódico.

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Aunque no lo creas me llené de coraje al ver a los integrantes del equipo rival alegrándose sin sentido, sin cuestionar un triunfo ficticio. A pesar de sus sonrisas causadas por la sorpresa, se comportaron. Temí que se burlaran de ustedes, pero no lo hicieron. Afortunadamente en su visión no derrotaron a los jodidos, y sí a un equipo que cometió una indisciplina. Así se los comentó el árbitro. ¡Como si ahora ser pobre fuera una indisciplina!

No sé a ciencia cierta por qué lo hago, pero siento que es una necesidad: me habría encantado comprarte ese reloj, tu reloj, para que pudieran pagar el arbitraje y jugar, jugar, jugar. Ya sé, el hubiera no existe. Eso sí, a ti y a los tuyos les deja una lección: véndalo desde antes. Como sea, te prometo que un día cualquiera, no sé cuándo ni dónde, ahí estaré en las canchas para apoyarlos y llevaré monedas para lo que se ofrezca. Confío en que jugarán y que la experiencia no haya sido una marca más para marginarlos.

*Carta dedicada a los chavos que por primera vez pisaban una cancha de Fut7 y que debido a su precaria situación económica vieron frustrado el sueño de jugar en un césped digamos profesional.