Desde la Guerra Civil Española, el Atlético de Madrid no había descendido, hasta que llegó él. La selección de Islas Feroe no había ganado un partido importante a una selección con liga de más de 12 equipos, hasta que llegó él… quien además perdió en casa. El Inter llevaba 6 años quedando entre los primeros 2 equipos de la Serie A, hasta que llegó él. Salvo estos estrepitosos desastres, la carrera de Claudio Ranieri se había mantenido en una constante mediocridad hasta el año pasado.

Menos títulos de Serie A que Sven-Göran Eriksson, menos Champions que Di Matteo, las mismas Súper Copas de Europa que Antonio Álvarez, las mismas Copas del Rey que Miguel Ángel Lotina, las mismas Copas Intertoto que Preben Elkjaer y Luigi Di Canio. Las mismas ligas de España que el Vasco Aguirre, sólo que el mexicano no hizo descender a los colchoneros. La esencia de Ranieri era la medianía. A los equipos les importa tan poco que esté en el equipo o no que ha dirigido a 13 escuadras en primera división (incluyendo Grecia) y hasta ahora lo han corrido 8 veces (¡OCHO!) antes de terminar su contrato. Y no es como que lo cambien por un genio del futbol y por eso el equipo levantó, en realidad lo han suplido técnicos igual de medianos: Ottavio Bianchi, Radomir Antic, Antonio López Habas, Ciro Ferrara, Vicenzo Montella, Andrea Stramaccioni, Kostas Tsanas y (el mejor de todos) Craig Shakespeare fueron los encargados de retomar el equipo cuando Ranieri se fue a media temporada o eliminatoria.

Cuando a otros técnicos con las vitrinas semivacías se les cuestiona, la mayoría pueden poner sobre la mesa su innovador estilo de juego, que fueron capaces de descubrir talento dónde no había, o que nunca se les dio la oportunidad. Pero él no tiene el ojo avizor que supuestamente tiene Wenger para encontrar talento. No es alguien que se haya apropiado de un estilo y lo haya perfeccionado como  Guardiola. No hizo de las ruedas de prensa una auténtica pachanga como Mourinho. No es un genio incomprendido con puro equipo chico como Bielsa o Pellegrini. No es un bombero de primera como Rafa Benítez. No se dedicó toda su vida a entrenar un equipo como Guy Roux y tampoco dejó una escuela como el Lapuentismo o el Lavolpismo.

Pero las estrellas se alinean y la constancia tiene su recompensa al final de cuentas, incluso cuando esa constancia es en la medianía. La temporada pasada “Don Claudio” se ganó el corazón de todos por enseñarnos a creer y además ser un viejito adorable y bastante simpático. Rescató a Jamie Vardy de una vida dividida entre fábricas y canchas de futbol. Convirtió a Mahrez en un jugador de elite. Metió a N´Golo Kanté en la final de la Eurocopa. Les dio a King, Huth, el hijo de Schmeichel, Drinkwater, Morgan y Okazaki una historia para presumir por siempre y cobrar como futbolistas al menos 8 años más. Forjó uno de los milagros más grandes en la historia del futbol y es lo más grande que le ha pasado a un pueblucho como Leicester. O eso es lo que todos dicen.

Todo lo que sube tiene que bajar, pero la realidad alcanzó al Leicester de manera muy cruenta, al parecer de esa magia de antaño no hay nada. Obviamente no iba a repetir el campeonato. Los equipos contendientes de siempre (Los Manchester, Liverpool, Chelsea y Arsenal) se reforzaron y despertaron para poner un hasta aquí a la historia de la Cenicienta. El campeonato era imposible desde la jornada uno, pero al menos una competencia por los puestos europeos se veía justa para el campeón reinante, pero resulta que el Everton, el Tottenham, el Brom y el Ham siguen siendo los equipos que se despedazan por esos lugares, lo que nos deja la esperanza que nuestra cenicienta de al menos quedar entre los primeros 10 de la tabla y transcurrir con libertad en la media tabla, dónde sus 205 millones de euros en valor de plantilla lo merecen. Pero ya ni eso, porque los equipos de 3 pesos, inspirados por lo que hizo el Leicester con 5, han decidido revelarse y conseguir triunfos improbables, varios a costa del campeón. 10 equipos tienen menos dinero en sus plantillas que los Foxes, incluido el diminuto Burnley que trabaja con 85 millones de euros y le saca 9 puntos al campeón,  sólo 3 están debajo de ellos en la tabla de posiciones, y ninguno por más de 2 puntos.

Las estrellas se alinearon y Ranieri encontró el modo de salir de su grisácea carrera por una brillante vez. Pero sus tácticas nunca fueron las mejores y hoy son más obsoletas que un portero sin dedos. Su brillantez el año pasado ocurrió en el campo de la motivación, con base en tácticas psicológicas simples pero efectivas inspiró a sus jugadores a llegar a lo más alto que podrían soñar. Pero de pizzas y palmadas en la espalda no se vive y su equipo cayó en un bache. No es que Vardy vuelva a tener el nivel de un envasador cualquiera o que Morgan y Huth se acordaran que son malos. Tampoco es que a Mahrez se le haya olvidado cómo se juega al futbol (Parece ser el único que lo recuerda), ni que a Kasper se le cayera la capa mágica que le cedió por un año su papá. Tal vez se deba más a que Kanté era Superman y podía hacer solo lo que 2 jugadores del nivel del Leicester no pueden. Pero lo más importante es que el equipo perdió motivación.

Motivar a un ser humano para seguir dando todo de si cuando superó sus propias expectativas es un área demasiado complicada en psicología del deporte (los Phelps, Bolt, Brady y Federer se diferencia de los Thorpe, Powell, Flacco y Murray) y ahí se distingue entre jugadores y entrenadores de leyenda y medianones  que una vez tocaron la flauta. No sé si la pizza que compraron ya no es de la misma marca o se aburrieron de que Ranieri imitara una campana. Sólo la Champions motiva a los jugadores del Leicester y fueron a caer contra un equipo con una plantilla del mismo precio que la suya. En una de esas Shakespeare resulta ser un genio, salva el arco que Ranieri hundió y se mete hasta semifinales de Champions, Claudio será sólo un viejito adorable que coincidió con la camada más importante en la historia de los milagros del futbol.

¿Y si Ranieri no era tan bueno?

El despido de Ranieri es injustificado por lo que trajo al club en un año, pero en cualquier otro club campeón del mundo sería la norma, los resultados no se han dado. El hombre que perdió su trabajo incluso luego de hacer la hazaña más grande jamás pensada ahora también pierde una oportunidad única, la de ser el primer entrenador capaz de descender a un equipo la temporada siguiente de ser campeón de la Premier League. Al menos sigue sin ser el hombre que manda al descenso a ningún equipo. Un día llegará a Cruz Azul, lo hará campeón y lo descenderá.

El mundo vuelve a la normalidad, salvo por un año en que tocó la flauta, Ranieri sigue siendo un técnico mediano, como la gran mayoría, no le debe nada a nadie… y nadie le debe nada a él.